... y otros cardan la lana.
El maromen se ha ganado otro post.
¡Halt! ¡No se me asusten, que ni les ha dado Bier a los niños ni ha repetido calzoncillos!
Este post es para salvar su dignidad. Porque el pobre maromen, por mucho que se volviese al mierdapueblo en Año Nuevo frotándose las manos pensando en sus Vacaciones (de niños, culos, baños, cenas, lavadoras y demás, de ahí la „V“), se implica como ninguno.
Eso de „el trabajo os hará libres“, tan irónico entonces y práctico ahora, no vale en esta nuestra Haus: Que curre más horas fuera, viaje mucho y llegue cansado a casa no le libra de nada. Mucho menos de la segunda parte de su jornada laboral.
Maromen no me ayuda... realiza el porcentaje de trabajo hogareño y polluelil que le corresponde, en una proporción justa, igualitaria y directamente proporcional a nuestras jornadas laborales fuera y dentro de casa.
(Inciso: Mujeres del mundo, no me envidien. Todo lo anterior implica que reclama su derecho a opinar y elegir sobre la decoración y creánme si les digo que, en ese punto, me pasaría la igualdad por donde uds. bien saben.)
Así que el maromen, tan moderno que es él, se volvió en Año Nuevo y sí, salió con sus amigos, se alimentó de boloñesa fría y se tragó Misión Imposible 1, 2, 3, 4 y estuvo tentado de redactar un borrador para la 5. Pero también trabajó, desmontó el árbol de Navidad, cambió las sábanas y las toallas, fue a la compra, ordenó facturas y papeles, hizo limpieza de juguetes, cortó leña y montó un perchero nuevo.
Vamos, un placer volver a casa tras Navidad.
Lo digo yo y lo piensa (seguro) la señora de la limpieza, esa EVP (Enviada de la Providencia) que lidia con nuestro caos pelusero dos veces por semana.
Lo que la EVP no piensa ni de koñen es que el orden y el concierto que reina (durante unas pocas horas, eso sí) en su lugar de trabajo es obra de un Mann.
Que cada vez que el Mann en cuestión tiene Vacaciones le pille dormido, desayunando o corriendo a la ducha no ayuda mucho.
La vergüenza la superaba el maromen con orgullo, todo hay que decirlo: ¿Qué mejor prueba de su dedicación y rendimiento que el caos dominado? ¿Por qué iba a pensar la buena mujer que era un vago por dormirse si la casa estaba hecha un primor?
Yo, que soy una aguafiestas (app de serie al procrear) y que tengo esa malísima costumbre llamada pensar, me di ayer cuenta (descojonándome, todo sea dicho) mientras admiraba mi cuadriculado hogar de que la EVP no admira para nada al maromen. Y de mí, por ende, pensará que soy una pobre infeliz. Porque la señora de la limpieza también tiene Vacaciones cuando no estamos y sólo viene un par de días antes de nuestra esperada vuelta. Sí, eso es, cuando la casa ya está organizada. Y sí, pensará eso mismo que pensarían uds.: que la Frau de su hogar lo habrá dejado todo preparadito antes de embarcarse con los polluelen. Y el mamonen de su marido se dedica a descansar y vaguear.
¿Injusto? No se crean... El Maromen (¡por fin!) ha podido experimentar en sus carnes lo que cualquier ama de casa siente cuando le sueltan los típicos „¡qué bien se vive sin trabajar! ¿verdad?“
