
(English Below)
A veces, la oscuridad más absoluta no es una ausencia de luz, sino una capacidad desmedida para absorberla. En la física, existe una sustancia llamada Vantablack que atrapa el 99,9% de la radiación visible; en el metal extremo de 2026, existe una entidad en Perth, Australia, que opera bajo esa misma premisa. Se llaman Vanta y acaban de lanzar un debut que no solo absorbe las influencias del melodeath de las últimas tres décadas, sino que las procesa para devolver un espectro sonoro totalmente nuevo, denso y cinematográfico.
He visto cómo las bandas de los confines del mundo —esos lugares donde la geografía te obliga a ser autosuficiente— desarrollan un sonido mucho más puro. Perth es, posiblemente, la ciudad más aislada del planeta, y esa soledad se respira en cada nota de «Perpetual Selection». Este no es el típico disco de «chicos que quieren sonar como In Flames«; es una obra de ingeniería emocional liderada por un visionario polifacético que ha decidido que, si vas a salir de la sombra, tienes que hacerlo con la fuerza de un agujero negro.
Ficha Técnica
-
Artista: Vanta
-
Álbum: «Perpetual Selection»
-
Sello: Independiente (Lanzamiento Mundial)
-
Fecha de lanzamiento: 13 de marzo de 2026
-
Género: Melodic Death Metal / Technical Death Metal
-
Para fans de: The Black Dahlia Murder, Inferi, As Blood Runs Black, Black Crown Initiate, Winds of Plague.
Cuando uno se enfrenta a un debut de esta magnitud, lo primero que busca es la grieta, el error del principiante. Pero en «Perpetual Selection», las grietas han sido selladas con una producción que roza la obsesión. Lo que tenemos aquí es el resultado de un triángulo creativo inusual y altamente eficiente. Por un lado, la mente maestra de Jesse Venus, un hombre que no solo pone la voz y las cuerdas, sino que se ha encargado de la producción, mezcla y masterización. Por otro, la destreza técnica de Thien Huynh en la guitarra y la polivalencia de Ferdinand Handojo, quien además de aporrear los parches, es el responsable del arte visual y de que la banda tenga una presencia profesional en el saturado mercado actual.
Vanta no se limita a la brutalidad gratuita. Su propuesta es «cinematográfica», un término que a menudo se usa a la ligera pero que aquí cobra sentido. El álbum es un viaje de 40 minutos que explora la fina línea que separa el tormento de la transformación. Es una lucha interna proyectada hacia el exterior mediante ritmos aplastantes y melodías que tienen tanto de épica como de melancolía.
Al investigar lo que otros medios especializados están diciendo de ellos, noto una tendencia: todos coinciden en que Vanta ha logrado rescatar la energía del deathcore melódico de mediados de los 2000 (pensad en As Blood Runs Black) y elevarla con la sofisticación técnica de la era moderna (al estilo Inferi). Sin embargo, yo iría más allá. Hay una oscuridad inherente en este disco que lo acerca al blackened death más atmosférico, una especie de «niebla sonora» que envuelve los pasajes más técnicos.
El disco arranca con «Empty Shells», una pieza de más de cinco minutos que funciona como una declaración de intenciones. No es una intro atmosférica al uso; es una inmersión directa. Los riffs se entrelazan con una precisión quirúrgica mientras Jesse Venus demuestra que su registro vocal no conoce límites. La canción evoluciona desde la agresividad pura hacia pasajes melódicos que te dan un respiro justo antes de volver a sumergirte en el caos.
Le sigue «Sandstalker», que con sus apenas tres minutos de duración, es un ejercicio de violencia concentrada. Es rápida, técnica y posee unos hooks de guitarra que se te clavan en el cerebro. Es la banda sonora perfecta para una cacería en el desierto australiano.
Con «Kuyang», la banda introduce matices que parecen beber de una mitología oscura y personal. El trabajo de Thien Huynh en las seis cuerdas es aquí especialmente brillante, creando contrapuntos melódicos que elevan la canción por encima del estándar del género. No es solo «chugging»; es composición con mayúsculas.
«Drown» y «Sacred Light» forman un bloque emocional interesantísimo. Mientras que la primera te arrastra hacia el fondo con ritmos pesados y una atmósfera asfixiante, la segunda ofrece un contraste lumínico —dentro de la oscuridad de Vanta— con melodías más abiertas y una estructura que recuerda a los momentos más inspirados de Black Crown Initiate.
Entramos en el ecuador con «Alchemy», un tema que hace honor a su nombre transformando la pesadez en oro melódico. Es quizás el corte donde más se nota la mano de Jesse Venus en la producción: cada capa sonora está en su sitio, permitiendo que los arreglos atmosféricos brillen sin restar potencia a la batería de Ferdinand Handojo.
«Stillwater» es, para mi gusto, la joya de la corona. Seis minutos de épica melodeath que demuestran que Vanta sabe manejar los tiempos largos. La progresión de la canción es impecable, llevándote desde un inicio calmado hasta un clímax de furia y melodía que te deja exhausto. Es «cinematografía metálica» en su máxima expresión.
El final se acerca con «Transmorcide», un ataque técnico, para desembocar finalmente en «Purity». Este cierre es magistral. Logra resumir toda la experiencia del álbum: el conflicto, la lucha y, finalmente, una especie de redención a través del sonido. Es una conclusión poderosa que te obliga a pulsar el play de nuevo.
Es obligatorio detenerse en la labor de Jesse Venus. Que un debut suene con esta pegada y esta claridad siendo una producción independiente es un milagro técnico. La mezcla permite que el bajo (también de Jesse) tenga una presencia real, algo que se suele perder en el metal extremo moderno. La masterización es agresiva pero respeta la dinámica necesaria para que los pasajes atmosféricos no suenen planos.
Por otro lado, la identidad visual es impecable. El arte de Ferdinand Handojo captura perfectamente esa esencia de «selección perpetua» y oscuridad. No es solo una portada; es la puerta de entrada a un universo que han sabido expandir gracias a sus colaboraciones visuales con Elliott Charleston Media.
Después de años analizando bandas que intentan desesperadamente sonar «modernas» perdiendo su alma por el camino, Vanta es un soplo de aire fresco (aunque ese aire venga cargado de ceniza). Han sabido honrar las raíces del género sin quedarse anclados en la nostalgia de Gotemburgo. «Perpetual Selection» es un disco valiente, técnico, emocionante y, sobre todo, honesto.
Puntuación: 9 / 10
Si este es el nivel de su primer larga duración, el resto de la escena debería empezar a preocuparse. Vanta no ha venido a participar; han venido a absorber toda la luz disponible y convertirla en una obra maestra de oscuridad sonora.
Tracklist
-
«Empty Shells»
-
«Sandstalker»
-
«Kuyang»
-
«Drown»
-
«Sacred Light»
-
«Alchemy»
-
«Stillwater»
-
«Transmorcide»
-
«Purity»
Formación
-
Jesse Venus – Voz, Guitarra, Bajo, Producción, Mezcla y Masterización.
-
Thien Huynh – Guitarra.
-
Ferdinand Handojo – Batería, Arte de Portada.
Multimedia
Redes Sociales
-
Instagram: https://www.instagram.com/vantametalofficial/
-
Bandcamp: https://vantametalofficial.bandcamp.com/
When one is faced with a debut of this magnitude, the first instinct is to look for the crack—the beginner’s mistake. But in «Perpetual Selection», the cracks have been sealed with a production that borders on obsession. What we have here is the result of an unusual and highly efficient creative triangle: on one side, the mastermind Jesse Venus, a man who not only provides the vocals and strings but also handled the production, mixing, and mastering. On the other, the technical prowess of Thien Huynh on guitar and the versatility of Ferdinand Handojo, who, besides battering the drum skins, is responsible for the visual art and ensuring the band maintains a professional presence in today’s saturated market.
Vanta does not limit itself to gratuitous brutality. Their proposal is «cinematic,» a term often used lightly but one that truly makes sense here. The album is a 40-minute journey exploring the fine line separating torment from transformation—an internal struggle projected outward through crushing rhythms and melodies that possess as much epic scale as they do melancholy.
In researching what other specialized media are saying about them, I noticed a trend: everyone agrees that Vanta has managed to rescue the energy of mid-2000s melodic deathcore (think As Blood Runs Black) and elevate it with the technical sophistication of the modern era (in the vein of Inferi). However, I would go further. There is an inherent darkness in this record that brings it closer to the most atmospheric blackened death—a sort of «sonic fog» that envelops even the most technical passages.
The record kicks off with «Empty Shells», a piece over five minutes long that serves as a statement of intent. This isn’t your typical atmospheric intro; it’s a direct immersion. The riffs intertwine with surgical precision while Jesse Venus proves his vocal range knows no bounds. The song evolves from pure aggression into melodic passages that give you just enough room to breathe before plunging you back into the chaos.
It is followed by «Sandstalker», which, at barely three minutes long, is an exercise in concentrated violence. It’s fast, technical, and possesses guitar hooks that dig straight into your brain. It’s the perfect soundtrack for a hunt in the Australian desert.
With «Kuyang», the band introduces nuances that seem to drink from a dark, personal mythology. Thien Huynh’s work on the six strings is especially brilliant here, creating melodic counterpoints that elevate the song above the genre standard. It’s not just «chugging»; it’s high-level composition.
«Drown» and «Sacred Light» form an incredibly interesting emotional block. While the former drags you to the bottom with heavy rhythms and a suffocating atmosphere, the latter offers a luminous contrast—within Vanta’s darkness—with more open melodies and a structure reminiscent of the most inspired moments of Black Crown Initiate.
We hit the midpoint with «Alchemy», a track that lives up to its name by transforming heaviness into melodic gold. This is perhaps where Jesse Venus’s hand in production is most evident: every sonic layer is exactly where it should be, allowing atmospheric arrangements to shine without stripping power from Ferdinand Handojo’s drumming.
«Stillwater» is, for my taste, the jewel in the crown. Six minutes of epic melodeath that prove Vanta knows how to handle long-form structures. The song’s progression is impeccable, taking you from a calm start to a climax of fury and melody that leaves you exhausted. It is «metal cinematography» at its finest.
The end nears with «Transmorcide», a technical onslaught, eventually leading into «Purity». This closer is masterful. It manages to summarize the entire album experience: the conflict, the struggle, and finally, a kind of redemption through sound. It’s a powerful conclusion that forces you to press play all over again.
It is mandatory to stop and acknowledge the work of Jesse Venus. For a debut to sound with this punch and clarity as an independent production is a technical miracle. The mix allows the bass (also played by Jesse) to have a real presence—something often lost in modern extreme metal. The mastering is aggressive but respects the necessary dynamics so that the atmospheric passages never sound flat.
Furthermore, the visual identity is flawless. The art by Ferdinand Handojo perfectly captures that essence of «perpetual selection» and darkness. It isn’t just a cover; it’s the gateway to a universe they have expanded through visual collaborations with Elliott Charleston Media.
After years of analyzing bands that desperately try to sound «modern» while losing their soul along the way, Vanta is a breath of fresh air (even if that air is thick with ash). They have honored the roots of the genre without getting anchored in Gothenburg nostalgia. «Perpetual Selection» is a brave, technical, moving, and above all, honest record.
Score: 9 / 10
If this is the level of their first full-length, the rest of the scene should start worrying. Vanta hasn’t come to participate; they’ve come to absorb all available light and turn it into a masterpiece of sonic darkness.
