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Vidas Escritas (Javier Marías)

Publicado el 15 septiembre 2026 por Gww

Vidas Escritas (Javier Marías)

Todo buen lector y todo escritor (malo o bueno) suele mostrar predilección por las vidas y anécdotas de autores famosos. En el caso de los lectores el interés se debe a la necesidad de comunión con el genio que alienta su imaginación a través de sus obras. En el de los escritores, es más probable que exista una cierta mezcla de interés sincero, una rendida admiración, con una dosis de envidia o de un intento de hallar paralelismos o disparidades. No en vano, las trifulcas y disputas entre escritores a cuenta de sus rencillas son legendarias. 

Pero el interés de Javier Marías es más bien el de un sincero admirador. A lo largo de veinte números de la revista Claves de la Razón Práctica había ido publicando estos textos aquí compilados. Se acompaña un último capítulo con reflexiones al hilo de imágenes y retratos de artistas que también había visto la luz en otra revista, El paseante. Y en la edición actual y definitiva de Vidas escritas (Alfaguara) se añaden siete semblanzas bajo la rúbrica, Mujeres fugitivas, que siguen el mismo patrón estético y que vieron la luz en la revista Woman

Estamos, por tanto, ante una recopilación de semblanzas de autores seleccionados por Marías conforme un criterio totalmente subjetivo en el que la preferencia personal juega un importante papel pero que se atiene a unas pautas estrictas por las que excluyó a autores vivos y a cualquier conciudadano suyo, toda vez que reconoce cierta inhibición ante los mismos dado que tantas veces la crítica ha cuestionado su vinculación con nuestras letras viéndole como un extranjerizante injertado a la fuerza en nuestra tradición. 

A la hora de hablarnos de estas vidas, Marías opta por una mezcla de afecto y sorna como él mismo indica en el prólogo, puesto que no de otro modo se puede abordar la vida de estos próceres de las letras, tan notables en sus obras como ridículos resultan la mayor parte de las veces en sus pequeñas miserias cotidianas, sus fobias, sus erráticas conductas. 

Esta mezcla de ironía y cierto distanciamiento no carente de cariño en casi todos los casos, hace que estas vidas se lean casi como obras de ficción, otro efecto buscado intencionadamente por Marías quien cree que no de otro modo habrían querido ser recordados estos escritores que dedicaron a la ficción toda su vida. 

Este efecto semificcionado que aleja estas viñetas de la mera labor de un biógrafo al uso se ve acentuado por la técnica empleada por Javier Marías. No se trata de ofrecer un fiel relato cronológico, todo lo contrario. El autor selecciona determinados aspectos concretos de la biografía o del carácter del escritor en cuestión y, sobre esos leves elementos, narra anécdotas, insinúa relaciones con otros escritores, sugiere rasgos de personalidad, en suma, construye una biografía coherente pero no enciclopédica, desnuda de fechas y hechos con la única excepción del fallecimiento, elemento capital que se data y describe en todas y cada una de las vidas aquí escritas. 

Marías trata por tanto a estos famosos escritores como lo haría con los personajes de una novela, y como a estos, no los describe sino con los rasgos imprescindibles para que la acción pueda resultar comprensible. Así, actúa con un minimalismo que no desmerece del conjunto que ofrece y muestra su talento a la hora de construir personajes sobre unos pocos rasgos. 

En cuanto al estilo del autor, éste no se muestra tan alambicado como es habitual en su obra de ficción. Predomina la frase breve, la claridad, sin que ello excluya la precisión y las paradojas, las construcciones gramaticales ingeniosas y certeras. En suma, un Marías algo distinto al conocido, pero igual de magistral. 

Vidas Escritas (Javier Marías)

Y así, por aquí desfilan un avaro Faulkner y un antipático Henry James, dispuesto a la bronca por nimiedades. Un Joyce pagado de sí mismo y ya confiando en el mérito de su propia obra aún antes de escribirla. Vemos a Lampedusa hablando a cada uno de sus perros en una lengua distinta y dictando sus clases a Orlando, casi apenas la única de sus relaciones estables. 

Nos habla también del rigorismo de Conan Doyle que llegó a presentar y tratar como esposa (salvo en la cama) a su amante mientras su esposa agonizaba de una larga enfermedad terminal. Pero rigorista, al fin y al cabo, aceptó resucitar a su Holmes solo para volver a matarlo de manera definitiva, desdichado por el escaso eco del resto de su obra. Claro es que dilapidó todo su prestigio echándose en brazos del espiritismo. Pero si de espíritus hablamos, nadie mejor que Rimbaud, entregado a una orgía creativa que se consumió en un breve periodo para pasar el resto de la vida como si no hubiera escrito jamás un verso. Por el contrario, Lowry prefería el alcohol a cualquier otra cosa, incluso el sexo, y Mishima revoloteaba sin saber en qué pensaba cuando decidió aplicarse el bushido.

Y así, nos reímos y nos burlamos de estos histriónicos personajes capaces de causar admiración pero que en sus miserias se nos tornan casi amigables, como el vecino del quinto, al que poder criticar aunque le vaya mejor que a nosotros. 

R. L. Stevenson, Karen Blixen, Nabokov, Madame du Desfan, la corresponsal de Voltarire y Walpole, Thomas Mann, Rilke o Wilde desfilan con sus pesadumbres y sus manías, también con las señas de su genialidad. 

Y tras las veintisiete viñetas, llegamos al último capítulo, la reflexión del autor sobre las imágenes que atesora en su colección personal de todos estos escritores famosos. Aquí nos cuenta qué puede discernir en ellos, de sus miradas o su modo de sentarse, de sus ropas o del ceño que muestran, otro ejercicio de vivaz ingenio con el que despedirse del volumen. 

Tras el fallecimiento del autor, no sería descabellado desear que en futuras ediciones de estas vidas apareciese como colofón una semblanza del propio Marías, hecha al estilo de las restantes. Al fin, no se incumpliría su deseo de limitarse a autores muertos o españoles puesto que, ya está dicho, nunca ha sido considerado como representación de nuestras letras, vaya usted a saber si pocos hay que le superen.


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