Revista Coaching

Vidocq, de ladrón a policía

Por Carolus @n_maquiavelo

El primer detective privado 

Vidocq, de ladrón a policía

Vidocq, de ladrón a policía

Mujeriego, duelista empedernido, militar precoz, desertor y pirata, ladrón y presidiario experto en fugas, todo esto fue Vidocq antes de dar un giro copernicano a su vida y ponerse al servicio de la ley. La biografía de este personaje, Creador de la primera oficina de policía secreta e inventor de muchas técnicas criminológicas, discurre entre la leyenda y la realidad en los años más convulsos de la historia de Francia. 
A mediados del siglo XIX, París rebasaba el millón de habitantes. Su rica vida urbana llena de contrastes asombraba a los provincianos e inmigrantes que llegaban en busca de oportunidades. Era el núcleo intelectual y cultural de Francia, y también su centro político. Allí convivían la aristocracia más rancia y la alta burguesía con la mediana y la pequeña burguesía contestataria. En los barrios del este y del centro de la ciudad, se hacinaba una superpoblación compuesta por tenderos, artesanos, pequeños funcionarios y obreros, así como jóvenes inmigrantes que llegaban de toda Francia y del resto de Europa. Esta zona era el foco de los disturbios y las revoluciones, y donde la miseria y las enfermedades se cebaban. En sus bajos fondos, el París de los placeres y de la delincuencia se mostraba de la forma más descarnada; los criminales campaban a sus anchas por un territorio que ni los policías de la época osaban traspasar.

Camino de la reinserción social 

Cuando el jefe del Departamento Criminal de la Gendarmería de la capital francesa, monsieur Henry, recibió aquella visita, no podía imaginar que su misterioso interlocutor pasaría a la historia de la criminología. Ante él había un hombre corpulento, de pelo largo y ojos profundos que, pese a no superar los 34 años, había visto y sufrido mucho, y también había hecho sufrir. Aquel individuo le dijo al inspector: "Soy Vidocq y quiero ser un hombre honrado, quizás usted pueda ayudarme". La insólita propuesta hizo pensar al funcionario que tenía ante sí a un fugado que pedía el perdón a cambio de trabajar para la Policía, y qué mejor informador que un personaje que se movía como pez en el agua por los bajos fondos, que era audaz y un maestro del disfraz.
Pero el gendarme no podía pasar por alto que era un delincuente condenado que tenía que pagar su deuda con la sociedad, así que...
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