Revista Solidaridad

¿Viva el Trabajo Social?

Por Pcelimendiz

Aún ando sorprendido por la repercusión de la entrada que he escrito sobre la muerte del Trabajo Social. A las pocas horas de publicarla ya tenía miles de lecturas y yo ya había perdido el hilo de los comentarios y ramificaciones que se iban generando en las redes.


¿Viva el Trabajo Social?

¿Nuevo Trabajo Social?

Así que ahora, con las aguas un poco más quietas, considero preciso hacer algunas aclaraciones. Por un lado, (y mucho más allá de las licencias con las que a veces, aconsejado por Wang, adorno mis escritos para impactar y llamar la atención), la sensación de haber dado en la diana. Algo del problema que he señalado está conectado a la actualidad de la profesión, pues ha generado importantes debates con posiciones bastantes polarizadas.
La pérdida de espacios propios de nuestra profesión es alarmante y se encuentra en progresión constante. Es un hecho y un problema sentido y reconocido que no estamos abordando con eficacia.
No me sirven los argumentos de que el retroceso de nuestra profesión se refleja sólo en los servicios sociales públicos. La iniciativa privada no es la quintaesencia donde se conservan los principios de nuestra disciplina, ni el ejercicio libre de la profesión el lugar donde se reinventará... de la misma manera que tampoco son los servicios sociales públicos los creadores ni conservadores del verdadero Trabajo Social.
El deterioro y retroceso del Trabajo Social en el sistema de servicios sociales es evidente. Aún se conservan espacios donde profesionales desarrollan funciones e iniciativas dignas de nuestra profesión, pero cada vez más esos espacios comienzan a parecerse a la aldea gala de los tebeos de Asterix.
Y también es cierto que en ONG's y en el ejercicio privado hay compañeros que desarrollan actividades de gran valía, pero no es menos cierto que en muchas ocasiones desarrollan funciones y tareas que se parecen al Trabajo Social tanto como los huevos a las castañas.
Y es que el debate no es público o privado. Respeto profundamente el Trabajo Social que se realiza en la iniciativa social o privada. De la misma manera que pienso que, en nuestra historia reciente, el Trabajo Social ha estado indisolublemente unido al desarrollo de los servicios sociales públicos y a éstos tenemos unido nuestro destino.
Más allá del contexto en que desarrollemos nuestro trabajo, como profesión no podemos permitir el deterioro del sistema público de servicios sociales, y dentro de él, del papel fundamental y protagonista de nuestra disciplina. Del mismo modo que los médicos lo ejercen dentro del sistema de salud o los maestros en el educativo. 
Lo diré sin ambages, por poner un ejemplo. En Servicios Sociales y en todas las agencias o instituciones dedicadas a la acción social todos los puestos de coordinación y dirección deberían estar ocupados por trabajadores sociales. No podríamos ni pensar en cualquier otra posibilidad. Lo mismo podríamos hablar de la Universidad, donde el profesorado y los puestos de dirección en las Facultades de Trabajo Social deberían ser ocupados mayoritariamente por trabajadores sociales.
¿Viva el Trabajo Social?
Y si no me vale el argumentario público-privado, tampoco me sirven las posturas idealistas, entusiastas o románticas con las que se defiende la profesión. Lo de "somos agentes de cambio, creámoslo", o lo de que "mientras haya una persona que necesite ayuda, ahí estará el Trabajo Social", están muy bien como slogans o alharacas, pero no sirven de nada al desarrollo de nuestra disciplina y en ocasiones son utilizados tan inapropiada como infantilmente.
La última cuestión que quería aclarar es la crítica a la iniciativa solidaria propiciada por una asignatura en los estudios de Trabajo Social de la Universidad de Zaragoza. El evento consiste en recoger ropa durante una semana destinada a personas sin techo de la localidad, y ha sido publicitado como una magnífica forma de ayuda a un colectivo tan desfavorecido como el de estas personas con el que se ha implicado toda la Universidad.
Con lo que hemos peleado Wang y yo en este blog y en otros sitios contra iniciativas de este estilo, denunciando la perversidad de estas formas de acción social benéfico-asistenciales (y recibiendo montones de críticas por insolidarios), presenciar cómo son alentadas desde la Universidad es (paradoja) desalentador cuando menos. 
Lamento que estos alumnos (y sobre todo los profesores que los deberían orientar) se hayan dejado seducir por el mensaje navideño de nuestra flamante Ministra de Servicios Sociales más que por las entradas de este blog.
Y dado que las razones de mi tristeza, verguenza y desaliento están contenidas en muchas de esas entradas, me atrevo a recomendar, a quien le interese, algunas de ellas:
La epidemia de la caridad BeneficenciaRancioBeneficencia 2.0 "El buenismo"La vida es una tómbolaBancos de alimentos
Y una, especialmente dedicada a quien me lea desde la Universidad: De la ciencia a la caridad
Con la esperanza de que algún día podamos gritar, como en la sucesión de las monarquías medievales "El Rey ha muerto, viva el Rey" "El Trabajo Social ha muerto, viva el Trabajo Social", me despido del debate agradeciéndoos los múltiples comentarios y críticas recibidos y esperando no haber herido a ninguno de los magníficos profesionales que a lo largo del Estado desarrollan su labor.

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