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Vivir y filosofar

Por Antoniodiaz
Vivir y filosofar

Tras dos días de ponencias o comparecencias, llaménlo como quieran, después de no sé cuantos filósofos; científicos expertos en biología; alcaldes de no sé donde y de no sé cuántos partidos; algún ex-aficionado, que debe de ser como uno de esos ex-fumadores a los que les molesta el humo de cualquier cigarrilo y varios ilustrados taurinos, resulta que llega Pedro Fumadó, un humilde ganadero, o un pastor como le gusta llamarse él mismo, y demuestra más conocimientos, humildad y educación que todos ellos: que los que representan al pueblo catalán; que los que utilizan 180.000 firmas para escudar su fanatismo o, incluso, los que defienden una Fiesta que ellos mismos han herido de gravedad. Y es que como escribió ayer FJ Gómez Izquierdo en Salmonetes ya no nos quedan, vivir es una cosa y filosofar otra muy distinta.
VIVIR Y FILOSOFAR
Una bandada de mansos, amparada en una particular filosofía de plastilina, anda estos días diciendo tonterías con mucha solemnidad. Los amigos de por aquí se han enfadado con razones, pero no creo conveniente hacer demasiado caso a gentes que se presentan ante uno como filósofos, escritores, intelectuales y cosas así...Uno dice que es filósofo o filósofa -tal que ésas
hypatias tan del siglo-, y ya tiene al auditorio ganado. Los tales y las talas (en parla de la delegada de Educación de Andalucía) demuestran desconocimiento de las leyes de la Naturaleza ante pastores, pescadores y todo tipo de no filósofos que ganan su pan con las manos... pero les da igual. Ese señor Mosterín (filósofo de oficio) seguro que no ha visto nunca una dehesa de Medina Sidonia... y le voy a perdonar la ignorancia, pero sería harto aleccionador que nos explicara los sufrimientos de la caballa, la sardina, el salmón, el jurelito chico y el jurel grande o chicharro... y no voy a nombrar más familias para no aburrir. Bajo las aguas, todas las especies luchan por sobrevivir. Los refranes, esa filosofía de los pobres, lo tienen repetido: "El pez grande se come al chico". La vida de la caballa o la sardina es un continuo sobresalto... El día tiene 1440 minutos... pues multiplique usted 1440 por los días de vida de la sardina y que el señor Mosterín explique cómo acabar con el terror de los peces chicos... y que ponga remedio. ¿Qué hacer? ¿Prohibir los atunes? ¿Y las ballenas? ¿Cuántos bancos de peces puede comer una orca? La naturaleza es sabia, conforme a otra lección aprendida entre gañanes, y adjudica a sus criaturas el papel que les corresponde. El buey es buey y no se le debe poner bozal cuando trilla (Zapatero no llegó hasta este pasaje ante Obama), y el toro de lidia -que a veces parece buey, pero no lo es- tiene derecho a ser considerado como el lince o la culebra de cuernitos. El sufrimiento del toro de lidia se queda en quince minutos, y si el matador es un poquito pinchaúvas puede llegar a los veinte o veinticinco. Esas manadas de menesterosos que rebuscan en las basuras, ¿cuántos minutos sufren en un día? ¿Y al hombre por qué se le mata... señor Wagensberg y señor Mosterín? ¿Por qué no van con un tanque a la ONU y lo sacan sobre la mesa? Un servidor no sabe hablar con los toros, pero me da que están encantados de ser orgullosos y que cuando se enfrentan al torero sacan a relucir su bravura... Su razón de ser... sin vanas filosofías...
FJ Gómez Izquierdo

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