Revista Cultura y Ocio

Willie Nile (2013) Sala El Sol, Madrid

Por David Gallardo @mercadeopop

El héroe del rock de estadio injustamente ninguneado
Lugar: Sala El Sol. Madrid
Fecha: 14 mayo 2013
Asistencia: 300 personas
Artistas Invitados: -
Precio: Desde 14 euros
Yo me borro, yo me desapunto de una ciudad de mierda como Madrid que a duras penas es capaz de encontrar a 300 de sus habitantes para llenar la sala El Sol hasta la maldita bandera para un concierto de Willie Nile. Para un concierto de rock de verdad, de ese orgánico, vivo, fiestero, comunicativo y balsámico, casi diríase que peligroso y capaz de cambiar el mundo. Para honrar a un tipo que tendría que llenar como poco pabellones con 10.000 personas, y que a pesar de ser plenamente consciente de la injusticia que es su carrera da todo cada noche sin importarle el lugar o el número de asistentes a sus recitales.
Podríamos emplear mucho tiempo en discutir por qué su querido amigo Bruce Springsteen llena estadios con miles de personas mientras Willie se queda en pequeños recintos, pero como en realidad eso ya lo estaba haciendo buena parte de la concurrencia antes del inicio de la actuación, no viene al caso ahora reincidir. Camisetas de Bruce, de Tom Petty y un público de más de treinta, de ese que organiza sus vacaciones cada año tratando de encajar cuantos más conciertos de Bruce mejor. Un público que ha llegado hasta aquí de alguna manera fascinado por la conocida amistad de Willie con el ídolo de masas del rock, materializada en no pocas colaboraciones sobre el escenario.
Pues bien está, la cuestión es que nos encontramos todos los que estamos en la Sala El Sol para disfrutar de una noche de rock ante un tipo que, sí, lo voy a decir, destila honestidad e integridad. Y pasión. Y que convierte un concierto ante 300 personas en una lección de rock de estadio de manual, con todas las poses, los jugueteos y los estribillos necesarios para convertirse en un héroe de rock sobre las tablas. Sea como fuere, Willie está en España para presentar su inminente nuevo disco 'American Ride', que sale a la venta el 25 de junio pero que ya se ha podido comprar en exclusiva en sus conciertos patrios, y que visto lo escuchado, ahonda en el estilo que ha desarrollado durante toda su trayectoria.

Willie Nile (2013) Sala El Sol. MadridWillie Nile (2013) Sala El Sol. MadridWillie Nile (2013) Sala El Sol. MadridWillie Nile (2013) Sala El Sol. MadridWillie Nile (2013) Sala El Sol. MadridWillie Nile (2013) Sala El Sol. MadridWillie Nile (2013) Sala El Sol. MadridWillie Nile (2013) Sala El Sol. MadridWillie Nile (2013) Sala El Sol. MadridWillie Nile (2013) Sala El Sol. MadridWillie Nile (2013) Sala El Sol. Madrid

Rock clásico de cervezas y chicas, con toques reivindicativos de lucha por un mundo mejor, lirismo descontrolado de contador de historias (incluso sentado en solitario ante el piano), y punto punkarra ramoniano, fiero pero melódico, sin duda herencia de sus años mozos en el mítico CGBG neoyorkino a finales de los setenta. Porque si de alguna manera hay que resumirle se puede hacer afirmando que Willie es el sonido de Nueva York. Todo con una pose rockera de manual, un pelo juvenil y electrificado, y una Fender Telecaster astillada pero remendada con cinta americana.
Suenan 'This is our time' y la expansiva y épica 'The Innocent Ones', que de alguna manera podría ser una mezcla entre Springsteen y Bon Jovi, auténtico sonido Jersey Shore que convierte a la sala en una olla a presión repleta de sonrisas y puños en alto, gracias a una banda que sencillamente arrasa, con Jorge Otero de los Stormy Mondays como guitarrista y Johnny Pisano al bajo (recordando a los buenos tiempos de Dee Dee Ramone y con pinta de sobrino de Tony Soprano), empujados desde el fondo del escenario por ese baterista colombiano de cuyo nombre no soy ahora capaz de acordarme, pero cuya pegada aún golpea mis costillas.
Turno para otros temas como 'Holy War' y la celebrada y festiva 'Give me tomorrow' que acaba con un jugueteo vocal con el público, antes de un tramo central de concierto que muestra al Willie contador de historias, con canciones de largos desarrollos instrumentales como 'The Crossing', interpretada en solitario ante el piano, el público mandando callar a los charlatanes díscolos y los ventiladores de la sala atronando en el logrado silencio. 'Love is a train' ahonda en esta faceta pero termina explotando de tal manera que uno espera literalmente un espectáculo de pirotecnia como necesario acompañamiento visual, tal es el poder de esta composición.

'American Ride' supone la vuelta de la Telecaster antes de la vitalidad desbocada de 'House of the thousand guitars', con dedicatoria incluida a Clarence Clemons, fallecido saxofonista durante cuatro décadas de la E Street Band. A estas alturas esta es una gimkana de rock de estadio injustamente enjaulada, con unos minutos en los que lo justo y necesario sería que todos saliéramos a la calle Montera a seguir con la fiesta en la calle. Porque las canciones nacidas para los grandes espacios abiertos no se marchitan en los pequeños locales cuando se defienden con cojones de este tamaño.
La versión alargada de 'One Guitar' es tal vez el momento álgido de la velada, con Willie tocando entre el público como manera de metérselos literalmente en el bolsillo. Usar todos y cada uno de los recursos y clichés del rock de estadio en una sala con 300 personas tiene prácticamente efectos de enema en la concurrencia, que aúlla como forma de liberar su alma rockera. Todavía hay tiempo para unos bises en los que destaca 'Road to calvary' (que tiene los acordes del 'People get ready' de Curtis Mayfield), y que acaban por todo lo alto con 'She so cold' y el personal pidiendo a gritos más y más. Pero música ya no hay más. Es turno para hacer cola y saludar al campeón, que por supuesto dedica un buen rato a saludar, firmar y fotografiarse con todo dios. Porque Willie Nile es un héroe del rock. Y punto.

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