
Inocente de mi, ni se me pasó por la cabeza que los paraguas de los aparcacoches son tamaño sombrilla… Ya daba igual. Con una mano empujaba a Currita y con la otra sujetaba el mega-paraguas, mientras trataba de evitar que Currito se metiera en todos los charcos que encontraba a su paso.De momento parecía una buena solución, hasta que ha empezado el diluvio universal. Currita se quejaba porque el agua se colaba en su refugio y Currito y yo también nos empezábamos a mojar. Y esto sin contar que mis brazos ya notaban el sobresfuerzo de llevar el carro con una mano y la sombrilla con la otra. Un cuadro.Finalmente hemos dejado a Currito en su cole, sólo con las zapatillas algo mojadas y un lado de la camiseta… Me he hecho la sueca y he continuado mi camino, algo más liberada, hasta la guardería de Currita. Las calles ya estaban completamente inundadas, el agua me llegaba por los tobillos, sin exagerar, y una ligera peste empezaba a invadir el ambiente (prefiero no pensar mucho en su procedencia, aunque estaba bastante claro que venía del alcantarillado...).Pasados 5 minutos nadando por esta ciudad, Currita llega completamente seca a clase y yo completamente calada.Y ahora viene lo mejor: mi querida hija toca mi vestido, comprueba que está mojado y dice mientras me lo levanta hasta el ombligo:- ¿Y las braguitas también mami?-¡¡¡Nooooooooooo!!!Que rica la niña…