Revista En Femenino

¿Y tú cuánto aportas?

Por Lucy Lucy Chibimundo @chibimundo

Me siento a escribir mientras me tiembla el párpado izquierdo. Cosas de la ansiedad y el somatizar. Eso es lo que me pasa cuando mi voz interior me pregunta ¿cuánto aportas? y la respuesta se me atraganta en medio del pecho.

No lo sé.
Nada.

Todo esto viene a cuento de la declaración de la renta. A todos nos gusta cuando sale a devolver, da buen rollo, un dinerito con el que no contabas. Y si te sale a pagar pues insultas un poco a nadie en general, maldices que la cosa está mal hecha para los que no ganan tanto mientras otros se conocen los trucos para pagar menos y tal.

Acabo de terminar con la declaración de la renta y PUF.
Sí, ya sé que lo he dejado para "última hora".
Lo he estado posponiendo porque me hace sentirme muy mal. Cuando has estado haciendo una declaración "normal" toda tu vida y ahora ves que dependes de otros DUELE.

— Chibimundo #ElijoElArcoiris (@chibimundo) 25 de junio de 2020

¿Y si no aportas? Económicamente hablando.

Después de mi despido obviamente estuve un tiempo cobrando el paro. Es mi derecho como persona que ha trabajado y aportado en su momento. Mientras lo cobraba decidí quedarme en casa hasta que Loki cumpliera el primer año de vida y entonces empezar a buscar trabajo.

No volver al trabajo fue una decisión que tomaron por mí en su momento. Pausar la búsqueda unos meses sí que fue mi decisión, pero siempre pensando que volvería al mundo laboral.

Y, de hecho, a pesar de haber comenzado con la medicación y tener diagnosticada una depresión postparto seguí con mi idea de conseguir introducirme de nuevo en el mundo laboral. Mandé muchos CV, me inscribí en bastantes ofertas de trabajo y finalmente conseguí un nuevo trabajo.

En el que duré mes y medio porque tenía una depresión de caballo con una ansiedad que lo flipas que me llevó a un muy mal lugar y a mi primer ingreso psiquiátrico.

Así que después de tan solo mes y medio de trabajo me dieron la baja. No salí de esa baja laboral. No me reincorporé al trabajo que había conseguido.

Durante todo esto que os he contado he recibido dinero. La prestación por desempleo, un sueldo y la prestación por la baja.

Pero evidentemente, tanto aportas tanto ganas. Yo había aportado una cantidad como trabajadora y eso se termina en algún punto. Ahora ya no recibo ayudas ni salarios. Y mi mente me dice:

No aportas.

Gracias por todo lo que aportas.

No hablo mucho de Natsu en el blog, porque a él le gusta mantener su intimidad y yo lo respeto. No le veréis más que de refilón en las fotos de instagram. Pero eso no quiere decir que no esté ahí.

Hace un par de semanas, cuando ya estábamos en la operación salida del confinamiento al que nos hemos visto obligados me dio las gracias. Él ha tenido la suerte (porque muchas personas no han sido tan afortunadas) de no solo mantener su trabajo en estas condiciones inusuales sino que además ha podido teletrabajar desde casa.

Sé que suena extraño pero en casa tenemos los ordenadores (el de Natsu y el mío) en el salón. Tenemos dos habitaciones, la de Loki y la de matrimonio. Pero en realidad cuando la “otra habitación” no estaba ocupada por ningún peque no la usábamos de despacho. Siempre han estado en el salón y hacemos mucha vida común en esa habitación de la casa.

Cuando lo haces en condiciones normales está genial porque Natsu y yo podemos jugar o entretenernos (él suele jugar a cosas y yo normalmente escribo) mientras Loki comparte nuestro espacio corriendo, bailando, montando puzzles, pintando o disfrutando de una buena serie en la TV. Podemos hacer cosas juntos en el mismo espacio o hacer cada uno nuestras cosas pero en el mismo lugar.

Pero en condiciones de confinamiento y con Natsu teletrabajando desde el salón donde hacemos vida todos pues… se ha complicado. Me imagino que no soy la primera que ha tenido problemas de este estilo. Peques corriendo, gritando o reclamando atención mientras la madre o el padre (o ambos) teletrabaja(n).

Nosotros de nuevo teníamos suerte (entendiéndola como tal al comparar con otras situaciones) porque al estar yo sin trabajo he podido dedicar mi tiempo al cuidado de Loki, ayudarle y guiarle con las tareas de clase, entretenerlo para evitar molestar a Natsu en su jornada laboral…

Y de nuevo tengo suerte.

Porque mi marido es capaz de ver lo que yo hago (aporto).

  • Cuido de que la casa esté habitable (limpia y ordenada).
  • Hago la comida intentado equilibrar gustos y salud.
  • Educo en la medida de mis posibilidades y habilidades a nuestro hijo.
  • Apoyo la educación formal (que en estos meses ha sido un apoyo bastante mayor de lo normal).

Y al hacer muchas de estas cosas le facilito ya no solo el teletrabajo (que es lo principal) sino que también aporto a la casa, al hogar, la familia, la relación…

Solo se valora lo que aportas económicamente.

Llevo unos meses en los que mi aporte económico a mi familia es cero patatero. Eso me hace sentir bastante mal. Ya me sentía mal cuando cobraba el paro o la baja… por recibir dinero sin estar acudiendo a una oficina. Imaginad cómo me siento ahora que ni tengo un trabajo al que ir ni nada que traer a casa.

El dinero es la base para prácticamente todo. Es lo que necesitas para moverte en el mundo y todo está orientado a la economía.

No digo nada que no sepamos. Nuestro propio país está lanzando medidas para abrirse económicamente en contra de la salud de la población general porque si la economía se va a pique muchas más personas están en riesgo que con una pandemia. Al menos esta es mi lectura de la realidad actual.

Todo lo que se hace pero no tiene una retribución económica visible no cuenta. Las áreas de cuidados, tan necesarias, son prácticamente invisibles. Sí hemos visto y valorado las profesiones relacionadas con la salud… durante un tiempo. No lo suficiente como para luchar por ellos.

Pero no quiero hablar de política.

El caso es que te vuelves bastante invisible para el estado si no haces aportaciones económicas. Al no traer dinero a mi casa he empezado a contar como una simple inquilina en mi hogar. Alguien más que vive aquí.

Y si no pregúntale a hacienda.

Aportas más que un sueldo.

Ahora que he vuelto a ser un poco más yo misma, después de mi apagón (que ha durado meses). Soy capaz de hacer más. De aportar de forma no económica. Pero hasta hace muy poquito ni siquiera podía hacer eso.

Si le preguntas a Natsu es capaz de nombrar un montón de cosas que aporto ya no solo al hogar como tal… también como madre a nuestro hijo y como pareja a nuestra relación.

No soy un agujero negro que chupa recursos, también doy lo que puedo. Quizás lo que pueda dar no se pueda contar económicamente. Tal vez cuando Loki vuelva a las clases y pueda adaptarse fácilmente nadie valorará el trabajo emocional que hemos hecho desde casa.

Es más que posible que cuando las personas de mi alrededor se enteren de que tengo una enfermedad mental retrocedan y me llenen de etiquetas negativas antes de conocer este blog y ver que hay personas que llegan aquí buscando ayuda o información y yo les aporto.

Económicamente no gano nada, pero hago muchas cosas. No estoy quieta esperando a verlas venir. Cada día lucho y peleo por reconquistar poco a poco parcelas de la salud que he perdido. Y algún día espero poder volver al mundo laboral y conseguir de nuevo aportar económicamente.

Natsu, si lees esto y llegas hasta el final que sepas que te quiero muchísimo y que tengo mucha suerte (de la de verdad) por haberte encontrado y por tenerte en mi vida.


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