

Acabo de descender del barco que conecta Guilin con la población de Yangshuo. Enseguida me acomete la sensación de que se trata de una localidad muy turística y comercial, donde quedan “vomitados” todos los pasajeros de los cruceros por el río Li.

Si uno permanece junto a la ribera, cerca de los puestos callejeros de mercaderes, será pronto objeto de la algarabía de sus demandas para que nos acerquemos y revisemos su género.
Se puede encontrar toda suerte de souvenirs chinos: telas magníficas, artesanía, cerámica, etc…
Dos calles principales son las arterias de esta urbe: Pantao Lu y Xie Jie o “calle de los extranjeros”. Aquí están los hoteles, tiendas y locales de fisonomía europea.

En este punto me inclino a ofrecer mis recomendaciones personales para no pasar de largo por el emblemático, singular y sin duda carismático Ryleys Café. Encantador local, interior a media luz, como en una película de gangsters… con aire retrospectivo, plagado de fotografías y una decoración muy característica que le otorgan un espíritu bohemio, cultural y distinguido.

No es económico, pero tampoco como para arruinarse o tener que pedir préstamos bancarios. Merece la pena. Y cambiando de tercio, otra manera de aprovechar bien el día es visitando alguno de los típicos arrozales de China; así como las clásicas moradas precarias de los labriegos.

Los paisajes son magníficos, como óleos dibujados ante nuestra mirada atónita. La experiencia, muy reseñable. A fin de cuentas, un modo de conocer la china profunda y más veraz. No muy lejos de aquí, es imprescindible acercarse hasta el fotogénico río del dragón, con su maravilloso paisaje, donde se rodaron escenas de la película “El velo pintado”.

