
I confess (Alfred Hitchcock, 1953. EEUU & Canadá): uno de los grandes (y más completos) actores de la época como Monty Clift protagonizaría este intenso relato, considerado, quizás injustamente, un film menor (partiendo de la base de que algo de menor consideración en la carrera de Hitchcock equivale, a menudo, a obras notables para la mayoría de directores de cine) en la carrera del cineasta inglés, además de uno de los que gozan de menor celebridad, pese a lo absorbente de su premisa y su encomiable desarrollo psicológico: un sacerdote obligado a guardar un secreto de confesión, en este caso un asesinato confesado por el propio autor, hasta límites maliciosamente insospechados. El maestro del suspense convierte el relato en algo realmente intenso y angustiante, angustia casi tangible en el caso del protagonista, debido a su sentido del deber, y que merece ser considerado más allá de su poco crédito popular.






