Revista Cultura y Ocio

4 horas

Publicado el 04 agosto 2015 por Rafa Pérez @vientosdealma

Hoy no llegaste.

La mesa sigue vacía.

Me dio una pequeña punzada en el estómago cuando a las 9.15 no apareciste por la puerta. Un desasosiego extrañamente justificado.

A las 9.30 puse el cartel de reservado. Mi jefe me miró con extrañeza. Pero supo que era importante.

El café se ha enfriado. Y mi alma, poco a poco, quizá más lentamente que el café. Mal presagio. La tostada se está quedando dura. La miro, como si tuviera la respuesta a una pregunta que no quiero hacer.

A las 10 no era capaz de dejar de mirar la puerta. Una y otra vez subía el cuello al tintineo de aquellas campanillas que hoy me exasperaban.

Mi corazón se empeña en darme una respuesta que mi mente no quiere escuchar.

Las 11.

Alguien, al que ni siquiera quiero mirar pero al que reconozco perfectamente la voz, dice con voz algo anodina “¿te has enterado de lo de Luis?”

No quiero escuchar más, pero lo oigo.

Entonces, con rabia, recuerdo tu comentario del viernes. “Eso lo hago yo en menos de 4 horas”

Y te odio por un pequeño instante, quizá solo un segundo. Maldigo sin palabras esa fanfarronería, quizá sólo un segundo.

El odio se disipa entre la rabia y la impotencia. Cierta culpa, por no decir lo que pensaba el viernes, por callar, ahora que tú, callarás para siempre.

Entonces escucho el final de la frase. “Al menos no tenía familia, ni novia conocida. La verdad es que era un pobre solitario”

Intento abrir la boca, pero no puedo. Mi boca le habla sólo al corazón. A mi corazón roto en mil pedazos.

Me tenía a mí. A su calor de cada mañana. A mí, que sin palabras estaba allí. Perdida en su sonrisa. En su llegada.

Y le he perdido. Por 4 horas.

¡Camarera! ¿Qué pasa con ese café?


4 horas

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