Revista Cultura y Ocio

A veces, voy a fiestas

Publicado el 26 abril 2017 por Molinos @molinos1282

A veces, voy a fiestasA veces, voy a sus fiestas. 
A veces, a esas fiestas quiero ir y no quiero ir. Me entusiasmo y al mismo tiempo busco excusas. A veces, para ir a esas fiestas me cambio de ropa veinte veces, aunque sé que da igual, que lo que había decidido ponerme al principio es lo que acabaré llevando. A veces, casi siempre, llego tarde a esas fiestas aunque no me lo proponga. Casi siempre, también, justo antes de entrar me pongo muy nerviosa y pienso que haré el ridículo y que no pinto nada. Sé que no es verdad pero lo pienso. También, justo antes de llamar a la puerta, me digo a mí misma «un solo vino y después no dejaré que ningún camarero me rellene la copa». Siempre sé que no será verdad.
A veces, en esas fiestas, cuando ese único vino ya ha alcanzado un número que prefiero olvidar, hablo con gente que no conocía hasta ese mismo momento y me sorprendo porque parecen encontrar lo que cuento bastante interesante, divertido incluso. Nunca sé si es cierto, me lo imagino, o sólo están disimulando; pero sé que cuando lo recuerde, al día siguiente, optaré por creer que sólo fingían. 
A veces, en esas fiestas, me aparto un poco para verme. Miro las flores, los vestidos que cuelgan de las paredes, a los camareros guapísimos que me sonríen al acercarse con la botella de vino, y a mis amigos que charlan y se ríen. «He hecho bien en venir». 
—Me voy ya.—No te puedes ir tan pronto. Te relleno la copa. —Tengo que irme. —Un rato más, venga. 
Ni es pronto, ni será solo un rato. ¿Cuánto tiempo es un rato? ¿Hay una medida de tiempo más indefinida que el rato? En mi caso el rato dura siempre hasta que es demasiado tarde, pero eso no lo sé nunca hasta que estoy en mi cama. 
A veces, voy a fiestas y, en las fotos, sonrío para dentro para que no se me escapen. 

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