Revista Diario

Aferrarse

Por Jordanvid

Ahora, a mitad de  Mi Camino de Vida, me doy cuenta de que no sé nada, que cuanto más aprendo menos sé, es infinito y mas necio sé que soy.

Empiezo así porque si miro atrás, me doy cuenta que sigo muy aferrado a viejos vicios, que me tienen secuestrada mi felicidad. No es fácil percatarse de cuanto trayecto hay que recorrer para descubrir una cosa tan elemental.

Miedos, vicios, penas, alegrías… Secuencias que van forjando mi itinerario, retienen mi potencial, porque mi problema es analizar la vida, en vez de vivirla.

Lo demás son solo excusas para no atreverse a ocupar con plenitud el único lugar donde, por tiempo breve, hemos caído en suerte: en el día a día de este momento presente.

Sólo tengo una vida, y gastarla en lamentos  o en intentar cubrir las expectativas de los demás, me genera decepción, me aburre sobre manera y sustituye a aquel quién soy de verdad.

Ahora, después de salir más o menos airoso o por lo menos haber experimentado la adversidad, puedo decir que me conozco mejor. Sólo haber pasado por ahí ha sacado lo mejor de mí y también quizá, lo peor.

Soltar-lastre

Mucho que descubrir me queda, lo sé, la vida la construyo cada día, soy consciente, así que impregno a cada cosa la mejor de mi actitud, si me aferro me niego a lo nuevo y queda tanto que vivir, que motivos no me faltan para continuar.

La vida es una elección permanente, no da tregua, no para, todo pasa, así que cada minuto que paso enfadado, pierdo sesenta segundos de felicidad. Con miedo no se puede ser feliz, lo tengo claro.

No se trata de resistir, sino de aprender a vivir, y para ello hay que liberar carga, la clave “la acción”, ponerse en marcha, arriesgar. La solución no llega sola, hay que salir a buscarla.


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