Revista Expatriados
El otro día mi amiga Sukopa fue a comer a un restaurante inglés. Me sorprendió que alguien pudiera pensar que el adjetivo “inglés” al lado de la palabra “restaurante” sea un buen reclamo. Es como decir “erotismo wahhabi” o “estado del bienestar talibán”. Aún me sorprendió más que alguien como mi amiga Sukopa se dejara seducir por esa combinación tan rara “restaurante inglés”. Seguro que leyó mal el letrero. En todo caso, su anécdota me inspiró el siguiente poema, que dedico a Sukopa, esperando que se le pase la gastritis:
Aunque le gustaba el paté de PerigordGuillermo el Conquistadorcruzó el Canal de La Manchapara mercar una loncha de cheddar.
Cansado de la comida de su abuelaMambrú se fue a la guerray murió de un entripadode costillas en Angulema.
Harto del bread and beansel pícaro Jonathan Swiftpidió a su mucama un sandwichde carne de niño Irish.
No aguantando más el roast beefSir Ciryl Radcliffeinventó el sesenta y nueve,que no alimenta, pero entretiene.
