Revista Expatriados

El único marxista de Laos (y 3)

Por Tiburciosamsa
El único marxista de Laos (y 3)
Sabes que has triunfado en la vida cuando tu efigie aparece en los billetes de banco de tu pais. Supongo.

El PRPL que se hizo con el poder en 1975 tenía unos cuadros endurecidos por años de penalidades y muy cohesionado en torno al liderazgo de Kaysone y Nuhak Phumsavan. A diferencia de los cuadros comunistas de Camboya y Vietnam, los líderes laosianos no han salido al extranjero y su formación intelectual es escasa. La mayor parte de ellos lo que saben de marxismo-leninismo es lo que han leído en los dos volúmenes con los discursos de Kaysone, que el Partido ha editado.
La creación de la República Popular supuso la culminación de la carrera política de Kaysone, que ahora, además de Secretario General del PRPL, se convirtió en Primer Ministro de la recién fundada república. En su primer gobierno, Kaysone se aseguró que fueran los radicales del Partido los que ocupasen las principales carteras: Nuhak Phumsavan, Primer Viceprimer Ministro y Ministro de Finanzas; Phun Sipaoset, Tercer Viceprimer Ministro y Ministro de AAEE; Khamtai Siphandon, Ministro de Defensa y Comandante en Jefe del Ejército.
En sus primeros discursos Kaysone marca el camino que se propone seguir que es el de la más pura ortodoxia marxista-leninista. Laos ha superado la etapa feudalista y ha entrado en la fase de transición hacia el socialismo, saltándose la fase burguesa-capitalista. Aquí Kaysone se dio la mano con los khmeres rojos, que también pensaban que podían caminar hacia el socialismo más rápidos que nadie. Los khmeres rojos se estrellaron con tanta prisa y a Kaysone poco le faltó.
El exceso de ideología y la falta de experiencia de gestión de una administración estatal harán que en los primeros años Kaysone y su equipo acumulen las meteduras de pata. Tal vez la mayor metedura fuera el intento de transformar la sociedad con rapidez, sometiéndola a moldes ideológicos en parte imitados de Vietnam, que no se correspondían ni con los deseos ni con las tradiciones de la población laosiana.
El malestar que causan esos experimentos, obligan a reforzar el control represivo sobre la población. Bueno, en tanto que buen marxista-leninista seguramente Kaysone había contemplado desde el principio la implantación de métodos de control. Se establecen centros de reeducación para los recalcitrantes. Se designan jefes de barrio y se crean comités de barrio y de distrito, que mantienen una presión psicológica e ideológica continua sobre la población. Se organizan veladas de discusión teórica, donde se invita a la autocrítica y se fomentan las denuncias. Sólo se permiten los medios de comunicación controlados por el Estado y se distorsionan las señales de la radio y la televisión thailandesas (el idioma thai es comprensible para los laosianos)… El paraíso comunista sobre la tierra.
A partir de mediados de 1976 algunos dentro del PRPL comenzaron a cuestionarse si estaban yendo por el buen camino, si no convendría hacer la revolución más a la laosiana, o sea despacio y pacíficamente. Phumi Vongchivit era quien abogaba más abiertamente por esta aproximación. Sus esfuerzos le valieron ser enviado a Hungría con una delegación. El ritmo de la revolución lo impondrían Kaysone y los radicales y seguiría el modelo vietnamita.
Desde muy poco después de la victoria comunista en los tres países de Indochina, comenzaron a hacerse evidentes las fricciones entre Vietnam y China. Kaysone no dudó en ese contexto en reafirmar la conexión con Vietnam. En julio de 1977 los dos países firmaron un Tratado de Amistad y Cooperación que alinearía la política exterior laosiana estrechamente con la de Vietnam y pondría las bases para la intervención vietnamita en todas las áreas de la vida política y económica laosiana. Cuando a partir de mediados de 1978 las relaciones entre la Camboya de los khmeres rojos pro-chinos y Vietnam se deterioraron, Kaysone, contra el buen juicio de otros miembros del Partido, apostó por alinearse inquebrantablemente con Vietnam. Llamó a los chinos “imperialistas y reaccionarios internacionales”. Es una muestra del poder de Kaysone, que esta fue la línea que mantuvo Laos, a pesar de que no pocos en el Partido pensaban que se la estaba jugando al provocar a un vecino tan grande y trataban de hacer llegar a los chinos mensajes de que en realidad Kaysone no hablaba en serio, que eran los vietnamitas los que le forzaban.
Si la orientación escogida por Kaysone en su política exterior era manifiestamente mejorable, en el terreno económico podemos decir que la cagó sin paliativos. Con el objetivo de barrer los resabios feudales que quedaban, el régimen se había lanzado a la formación de cooperativas en las que los campesinos estaban obligados a integrarse. Las cooperativas resultaron un fracaso, además de enemistar a amplios sectores del campesinado con el régimen. La producción de arroz en tres años descendió un 75%.
Cuando las estadísticas manipuladas y las tradicionales denuncias a agentes extranjeros y a espías de la CIA infiltrados, dejaron de funcionar, Kaysone tuvo que acabar haciendo autocrítica. Se habían equivocado. La colectivización había sido innecesaria, ya que la tierra pertenecía en buena medida a los campesinos. El problema de la agricultura laosiana no era el reparto injusto de la tierra, sino la falta de maquinaria, fertilizantes e inversiones para aumentar la productividad.
El 26 de diciembre de 1979 Kaysone presentó ante la Asamblea Popular un informe que fue conocido como la Séptima Resolución. El informe, en el fondo venía a reconocer sin decirlo que las críticas formuladas por Phumi y los moderados tres años antes estaban fundadas. Muchas de las recetas que propuso ya estaban contenidas en aquellas críticas. La Séptima Resolución admitió una cierto grado de participación privada en la economía y redujo las trabas a la libertad de movimientos y a los mercados privados. Se abandonaron también los esfuerzos por cambiar la sociedad de arriba abajo en un santiamén. Asimismo se relajó la actitud con respecto al budismo e incluso se tendieron puentes hacia los funcionarios y los intelectuales que no habían luchado junto al Pathet Lao. Otro de los aspectos más llamativos de la Séptima Resolución es que no le dolieron prendas en reconocer los errores cometidos y en admitir que había habido corrupción y abuso de poder por parte del miembros del PRPL.
En abril de 1982 el PRPL celebró su III Congreso. En él salieron a la luz diferencias soterradas entre quienes querían mover el país hacia una economía de mercado controlada por el Estado y quienes preferían una economía centralizada, según los esquemas del marxismo-leninismo más ortodoxo. El líder de la segunda línea era Nuhak Phumsavan, mientras que Kaysone, que hacía tiempo que se había desprendido de las anteojeras del marxismo-leninismo, abogaba por la primera línea. Fue la línea propugnada por Kaysone, la que terminó siendo aprobada, pero en los años subsiguientes los ortodoxos aún intentarían poner todos los palos en las ruedas que pudieran. No se trataba solamente de una lucha ideológica; era también la pelea entre quienes querían reformar el sistema y quienes se estaban aprovechando de él.
El IV Congreso del PRPL, celebrado en 1986, finalmente consagró el Nuevo Mecanismo Económico basado en la descentralización, la iniciativa privada y la liberalización de los precios. Era el momento en el que todo el bloque socialista constataba el fracaso de su modelo y trataba de introducir mecanismos de mercado. En el vecino Vietnam el lema del día era “Doi Moi”, “reestructuración”, que venía a decir lo mismo.
De una manera muy laosiana, es decir evitando los enfrentamientos a muerte y el aplastar completamente al adversario, Kaysone dejó que Nuhak mantuviera su posición de número dos en el Partido, mientras que ampliaba el Politburó de manera que los reformistas estuvieran en mayoría.
A la larga Kaysone demostró su perspicacia. Cuando a finales de los ochenta el comunismo hizo aguas y la situación cambió con el hundimiento de la URSS, que comportó una reducción importante de la ayuda soviética, el final del Pacto de Varsovia y la retirada de las tropas vietnamitas de Camboya, el PRPL supo ser flexible. La economía se abrió a los inversores extranjeros, especialmente a los thailandeses, se dejó que la divisa nacional, el kip, fluctuase con cierta libertad y se empezó a fomentar tímidamente la entrada de turistas. La única línea roja, como en China y en Vietnam, era que el PRPL no perdiera el monopolio del poder. Pero aparte de esa menudencia, el modelo empezó a ser Thailandia y no Vietnam.
En este proceso de adaptación a un entorno internacional nuevo, el PRPL estimó que había llegado el momento de dotarse de una Constitución, igual que los países serios, descontando al Reino Unido. Digamos que con los nuevos vientos que corrían lo de gobernar sin una base legal que al menos sirviese de hoja de parra, vestía menos.
La Constitución de 1991 comienza exaltando al heroico PRPL que ha traído una era de independencia genuina y libertad y que es el núcleo director del sistema político. La Constitución dice que Laos es un país de paz, independencia, democracia, unidad y prosperidad, pero se olvida mencionar que también es un país de socialismo. La Constitución reconoce toda una serie de derechos y libertades, siempre y cuando no se le toquen los ferulillos al Partido. El articulado económico del documento refleja la tensión entre reformistas y ortodoxos, aunque son las posturas de los primeros las que triunfan en el documento. Al Estado se le reconoce únicamente la función de realizar ajustes en la economía. La Constitución refuerza los poderes del Presidente, que precisamente era Kaysone.
1991 fue justamente el año de la apoteosis de Kaysone. La Constitución reforzó sus poderes y el V Congreso del PRPL celebrado en marzo inició el relevo generacional bajo su égida Entre los beneficiados de ese relevo estuvo su hijo, que con 35 años se convirtió en el miembro más joven del Comité Central y es que eso de tener un padre con mando en plaza, ayuda.
1992 fue el año en el que la vida tenía otros planes para Kaysone. En noviembre se lo llevó la Parca. Pero los laosianos siempre lo tendrán en sus corazones y, sobre todo, en sus carteras. Cada vez que saquen un billete para pagar, no podrán evitar acordarse un poco de él.


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