Revista Expatriados

Budismo y nacionalismo en Sri Lanka (4)

Por Tiburciosamsa

Para la década de los sesenta del siglo XIX a los monjes budistas ya se les habían hinchado lo suficiente los perendengues y empezaron a organizarse: en 1862 crearon una Sociedad para la Propagación del Budismo, establecieron una imprenta y comenzaron a organizar debates con misioneros cristianos en los que no siempre fueron los que salieron peor parados.

Un momento clave para el budismo srilankés vino cuando la Sociedad Teosófica de Mme. Blavatsky lo descubrió. La Blavastky daría para varias entradas. Pertenecía a una especie que se dio bastante en el siglo XIX: personas que, decepcionadas con la tradición occidental, se ponían a buscar la religión primigenia que, invariablemente, encontraban en las tradiciones orientales. En este camino para encontrar la religión primigenia estaban dispuestos a comulgar con ruedas de molino y a creerse las teorías más disparatadas. JdJ tiene una entrada interesante (http://historiasdehispania.blogspot.com.es/2012/08/breve-historia-de-la-ariosofia-2-la.html) sobre cómo esos delirios acabaron generando los delirios más peligrosos de los ariosofistas que acabaron desembocando en la inmensa locura que fue la ideología nazi.En 1880 Mme. Blavatsky y el Coronel Henry Steel Olcott desembarcaron en Colombo. Ambos sentían gran atracción por el budismo, o por lo que ellos consideraban que era el budismo. Según Olcott: “Nuestro budismo era el del Maestro-Adepto Gautama Buddha, que era identico a la Religión de la Sabiduria de los Upanishads arios y el alma de todas las antiguas fes mundiales. Nuestro budismo era, en una palabra, una filosofia, no un credo.” Me pregunto si Gautama Buda se habría sentido identificado con esta descripción de sus enseñanzas.A la semana de haber desembarcado en Colombo, Blavatsky y Olcott tomaron los cinco preceptos y se convirtieron al budismo. En el contexto de la época el impacto fue inmenso. Después de décadas de ver cómo los occidentales se burlaban de su religion, aquí tenían a dos occidentales que no sólo la ensalzaban, sino que además se convertían a ella. La cuestión es que el budismo al que Blavatsky y Olcott se convirtieron tenía poco que ver con el budismo que de verdad se practicaba en la isla, pero los teosofistas no eran personas que hilasen muy fino en lo que a doctrinas filosóficas se refería. Te metían en el mismo caldero a Jesucristo, a Zoroastro, a los Vedas y a Buda y que saliese el sol por Antequera.Olcott podía tener un galimatías en la cabeza, pero era un gran organizador. Por un lado, imitando la práctica cristiana, compuso un “Catecismo budista”, que exponía la doctrina budista theravada en forma de preguntas y respuesta claras. Por otro, al igual que los misioneros cristianos, también Olcott comprendió la importancia de la enseñanza. Estableció un fondo educativo y con la ayuda de monjes y laicos srilankeses fundó escuelas en cingalés en las zonas rurales y en inglés en las ciudades. Para 1898 ya funcionaban 103 escuelas budistas en Sri Lanka, que seguían el modelo de Olcott y que tenían poco que envidiar a las escuelas de los misioneros. En 1880, esto es el año previo a la llegada de Olcott, el número de escuelas budistas en la isla era de sólo dos y de la calidad de sus curricula ni hablemos.En todo caso, no olvidemos que Olcott era un poco mesiánico y, como suele ocurrirles a los mesías, están tan imbuidos de su verdad que no se fijan en las verdades de quienes les rodean. Olcott hizo mucho por el budismo srilankés o, más bien, por lo que entendía que debía ser el budismo srilankés: una religión científica y filosófica, sobria, racionalista, en la que la superstición no tuviera cabida. Es posible que su visión del budismo se viera también influida por la educación protestante que tuvo en su infancia. Su confianza en sí mismo era tal que escribió su “Catecismo budista” para suplir la deficiente formación de los monjes que, en su opinión, eran muy ignorantes sobre su propia religión. Sí, es cierto que con los holandeses y con los británicos, el budismo srilankés se había degradado y había perdido prestigio y capacidad organizativa, pero no se si Olcott en sus críticas no se pasó un poco.

Para que las reformas de Olcott perduraran, era necesario que los cingaleses las hicieran suyas. Y es aquí donde entra Anagarika Dharmapala, que hizo tanto para reformar el budismo srilankés como para poner las semillas del futuro nacionalismo budista. 

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