Revista Cultura y Ocio

La Escuela Aculturadora

Por Cristián Muñoz Vera

Alberto De Agostini, sacerdote salesiano, fue una de las voces que nos advirtió sobre las tristes consecuencias a que llevaría la indigna relación entre las etnias de magallanes y los procesos colonizadores que ocurrían en ese momento. La cultura iría por tanto dejando de lado aquellas formas ancestrales, para dar paso a una nueva forma cultural; pero lamentablemente este paso no supo de respeto a los derechos de las etnias que ocuparon estas tierras mucho antes de la llegada del "koliot" (hombre blanco). Sin duda que nuestra historia local está repleta de pasajes en que podemos apreciar el rol de la aculturación, sin repeto a las culturas de las etnias en esta austral zona del continente americano. Esta forma de aculturar se dió en el espacio educativo; he aquí algunos extractos para confirmar esta visión:
“…se les envió al colegio y les enseñaron artes prácticas manuales, … A los nueve meses de estar en Inglaterra, le fue notificado al Capitán Fitz-Roy, que debía comparecer con sus protegidos en el Palacio de Saint James ante el Rey Guillermo IV. Debido a todas las especulaciones que se tejían en torno a los fueguinos y a su comportamiento de “salvajes”… ya que iban a ser convertidos al cristianismo y se tenía la esperanza que a su debido tiempo, llevarían a sus salvajes compatriotas, las luces del Evangelio y algunas de las comodidades que aporta la civilización…”[1].
“En enero de 1873, Lawrence explica que se les enseña a escribir en su propio idioma según el sistema Ellis, además de instrucción de inglés, canto, aritmética y otras lecciones útiles… 31 de enero capítulo 16 del evangelio según San Juan; 10 de febrero: Sacerdotes de la Antigüedad y Gobiernos del mundo actual; 29 de abril: una descripción del elefante…” (…) “Estamos dedicando mucho tiempo a la enseñanza de la gente…Los jóvenes y niños asisten a la escuela, recibiendo diversa instrucción permanente durante tres horas diarias… conocen por nombre los diversos países de Sudamérica y las principales ciudades de cada uno, también los principales ríos, las importaciones y exportaciones de cada país…y los países desde donde han sido colonizados…”
[2]
“…En el transcurso de 20 años, unos pocos misioneros transformaron a esos salvajes irresponsables en una comunidad respetuosa de la Ley. No sólo en Ushuaia, sino también en muchas pequeñas y escondidas ensenadas de la costa vivían yaganes agrupados en colonias provistas de huertas, cercadas algunas, y ganado. Un indio llamado Samuel Mahteen era dueño de veinte animales…Durante muchas generaciones los yaganes habían construido sus canoas con corteza de árbol. Estas, al cabo de un año, poco más o menos, se pudrían… Ahora gracias a las herramientas, que la Misión les proporcionaba,… tenían la ventaja de su larga duración…”
[3]
“Por medio del buen trato y el agasajo políticamente distribuidos, el Gobernador de Magallanes procura atraer a la Colonia Chilena, tres o cuatro jovencitos de los naturales del Estrecho, a fin de que sean catequizados, de instruidos en nuestra Santa Religión e idioma, y que sirvan más tarde de leguaraces…” (…) “Desde esa época, 1844, están los misioneros en la Colonia de Magallanes, pero, poco o nada han podido adelantar en la conversión de los bárbaros que habitan las pampas del territorio de ese nombre, por ser estos salvajes de un carácter “indiferentista”, que nada creen, ni quieren por cuanto hay en el mundo sus groseras costumbres… Yo mismo que viví en Magallanes por el espacio de tres años, los veía y trataba con frecuencia: les hablaba extensamente a muchos de ellos sobre las grandes ventajas que les vendría haciéndose cristianos…”[4]
[1] “El último confín de la Tierra”., Lucas Bridges., Ed. Marymar., Bs. Aires, 1975., pp. 22-23
[2] Juan Lawrence: Primer Maestro de Tierra del Fuego”., Arnoldo Canclini., Ed. Marymar., Buenos aires., 1983., pp.17 y 34
[3] “El último confín …”., Op. Cit., pp.135
[4] “Monografías de Magallanes: 70 años de la acción salesiana en el Sur, 1886-1946”., Lorenzo Massa., Ed. Instituto Don Bosco., Punta Arenas., 1945., pp. 215

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