Revista Psicología

Cómo identificar una fobia

Por Centro Psiconet

¿Cómo aparecen las fobias?

Claustrofobia, aracnofobia… La mayoría de nosotros estamos familiarizados con estos términos y sabemos a grandes rasgos a que se refieren: Temor o repulsión a algo. A los espacios cerrados o a las arañas.

En la actualidad hay fobias registradas para casi todo, incluso a las verduras (lacanofobia). Si tantas cosas pueden provocarnos esta reacción, ¿qué es exactamente una fobia?

Se trata de un miedo intenso y persistente hacia algo que tenemos delante o que anticipamos que vamos a experimentar próximamente.

¿Cuál es entonces la diferencia entre tener simplemente miedo o tener fobia a algo? Que somos conscientes de que nuestro miedo es excesivo o irracional.

Utilicemos una de las fobias más conocidas como ejemplo: Si no soporto a las arañas y me encuentro a una… No importa si es más o menos pequeña o si soy consciente de que no voy a sufrir ningún riesgo, mi ansiedad se disparará igualmente y podré gritar, llorar, saltar, paralizarme o en casos más extremos sufrir un ataque de pánico.

¿Cómo se crea una fobia?

Las investigaciones hasta el momento plantean tres formas de adquisición de una fobia, pudiendo generarse por una de las tres o por una mezcla de varias. Para ilustrarlas utilizaremos el ejemplo de la amaxofobia o miedo a conducir.

Siendo testigo de cómo alguien sufre una situación peligrosa o aversiva

O siendo más técnicos, por medio de un condicionamiento vicario. Por ejemplo, presenciando un accidente entre varios coches mientras vamos paseando. 

Experimentando el peligro personalmente o sentirlo muy cerca

 En este caso hablaríamos de un condicionamiento clásico, o lo que es lo mismo, un estímulo que antes no me causaba miedo comienza a provocármelo tras una experiencia negativa.

Después de haber tenido un accidente o siendo conscientes de que hemos estado muy cerca de tenerlo.

Transmisión de información por parte de otros

Recibir de forma reiterada e intensa argumentos negativos por parte de los demás sobre lo peligroso que es conducir, de lo frecuente que son los accidentes, etc.

Por ejemplo, habiendo crecido con un familiar cercano que no condujera y que nos hubiera transmitido progresivamente estas creencias a lo largo de los años.

Si tengo miedo a conducir después de haber tenido un accidente de tráfico o tras oír en las noticias accidentes de avión puede que piense que mi miedo no es exagerado porque tengo argumentos de peso en los que basarme o porque mucha gente también les tiene miedo.

Esto podría explicarse por nuestro instinto de supervivencia, heredado de los tiempos de las cavernas. Esto nos llevaría a activarnos ante una posible amenaza (el ataque de un animal, las agujas) o ante situaciones peligrosas (conducir, montar en avión), lo cual explicaría por qué son más habituales este tipo de fobias.

A pesar de este instinto de conservación, y de los tres métodos que hemos comentado antes, la probabilidad de adquirir una fobia depende también de factores personales y genéticos. Esto nos lleva a plantearnos lo sencillo que es que la mayoría de nosotros tengamos algún miedo irracional. Si actualmente es este tu caso y quieres tener más información sobre el tema, no dudes en consultarnos.


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