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[Crítica] Hijo de Caín: Jaque al Rey

Publicado el 31 mayo 2013 por Despiram @FrikArteWeb

“El ajedrez consiste en matar al rey”, dice este protagonista adolescente que concibe la vida como un tablero donde las fichas son los que le rodean y su objetivo es derrocar al padre.

Esta película del director Jesús Monllao, debutante en el largometraje pero con carrera en el corto y el documental, se basa en la novela Querido Caín, del escritor (y psicólogo) Ignacio García-Valiño y cuenta con un reparto de lujo encabezado por José Coronado. Completan el casting una buena cantera de actores catalanes, como Maria Molins (reciente premio Gaudí por El bosc), Julio Manrique y el debutante pero muy convincente David Solans, así como una figura mítica de la serie B y el terror como es Jack Taylor, actor que ha trabajado a las órdenes de Roman Polanski o Milos Forman y que posee el Premio Nosferatu del Festival Internacional de Sitges.

[Crítica] Hijo de Caín: Jaque al Rey

Conociendo que la historia va sobre un adolescente con una extraña relación con su entorno, un odio profundo hacia su padre y unos comportamientos nada normales (que incluyen animales muertos de por medio), es inevitable la comparación con otros filmes de temática similar como El buen hijo (Joseph Ruben, 1993) o, sobre todo, la más reciente Tenemos que hablar de Kevin (Lynne Ramsay, 2011). Todos estos filmes juegan con el tema de la crueldad de unos niños y sus posibles causas psicológicas; plantean si la maldad es innata o tiene unas causas. Y en todas vemos cómo cada personaje reacciona y se posiciona de determinada manera ante las jugadas del respectivo hijo siniestro, que consigue llevar al límite a los que le rodean. En este caso, unos padres que no saben cómo actuar frente al comportamiento del adolescente y recurren a un psicólogo.

Pero aquí la historia se nos cuenta como un thriller con muy buen ritmo donde el ajedrez no solo es el único y obsesivo pensamiento de Nico, el protagonista, sino que se emplea como metáfora del juego perverso al que somete el protagonista a sus allegados, moviendo ficha según conveniencia.

Este juego, además, sirve para mostrar determinadas características de los personajes. Sobre todo del protagonista y de Julio, el psicólogo que trata a Nico retomando como terapia el juego que dejó hace años de practicar porque se dio cuenta de que lo único necesario para vencer es memoria, ni sentimientos ni razones. Por eso los fríos ordenadores, con esas infinitas memorias, siempre ganan las partidas.

[Crítica] Hijo de Caín: Jaque al Rey

El psicólogo, Julio, que muy pronto descubrimos que tiene un pasado común con la madre de Nico, se involucra en este caso no solo porque cree que toda enfermedad psíquica tiene una causa, y quiere encontrar la del chaval, sino también por razones sentimentales. Es, de este modo, el personaje que guía al espectador en su ansia de encontrar respuesta a la pregunta de porqué alguien es capaz de comportarse así.

Contrapuesto a Julio está el personaje interpretado por Jack Taylor, Andrew Holseter, un psicólogo renegado (“me salí de la psicología porque estaba harto de ver locos”) que se dedica ahora a instruir (cual maestro Yoda) a sus alumnos en el arte del ajedrez. En este aspecto, aunque es amigo del personaje interpretado por Julio Manrique, representa la antítesis de esta visión “causalística” que tiene el joven psicólogo y no quiere tener nada que ver con Nico, aunque es arrastrado por Julio a intentar ayudarle.

[Crítica] Hijo de Caín: Jaque al Rey

La película, que obtuvo el premio de la Asociación de Escritoras y Escritores Cinematográficos de Andalucía (Asecan) en el pasado Festival de Cine Español de Málaga, tiene dos puntos débiles. Uno se da cuando se nos enseña ese submundo del maestro del ajedrez, que nos saca del realismo del filme y parece que nos lleve a otro género. Y el otro punto flojo coincide con uno de los giros en la trama, ya que el director no resuelve ese momento de manera creíble y parece exagerar hasta la caricatura comportamientos y personajes, pudiéndote sacar de la historia. Aunque la película recupera el muy buen tono al final, dejando la sensación de que has presenciado una buena partida.


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