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Crónica Sitges 2014: "Fish & Cat" un plano secuencia único en su especie

Publicado el 09 octubre 2014 por Fimin

Crónica Sitges 2014: "Fish & Cat" un plano secuencia único en su especie

09 de Octubre del 2014 | etiquetas: Festival de Sitges, Festivales 2014

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Fue, sin duda, una de las 10 mejores películas del pasado año (y el gran descubrimiento) para quienes hacemos filmin. Rodada en un único plano secuencia de dos horas y cuarto, estamos ante una peli iraní con canibalismo de trasfondo, que es también cruce imposible entre "El Desconocido del Lago" (sin sexo y con registro caníbal en vez de gay) y el poso existencial de Nuri Bilge Ceylan.

¿De qué va?

Dos cocineros siniestros en un restaurante del que nadie querría probar sus sustentos. Un grupo de jóvenes que llega a un bosque con sus tiendas de campaña. Algo extraño sucede en ese lugar, en el que el pasado parece confundirse con el futuro.

¿Quién está detrás?

Un más que probable abanderado del cine iraní en un futuro muy cercano. Shahram Mokri realizó varios cortometrajes antes de dar el salto al largo con "Ashkan, the Charmed Ring and Other Stories". "Fish & Cat" supone su segunda película, aquella que directamente debería ponerle en el mapa del cine mundial.

¿Quién sale?

Personajes variopintos levitando sobre una coreografía visual en la que nada es lo que parece.

¿Qué es?

Un cruce imposible entre "El Desconocido del Lago" (sin sexo y con registro caníbal en vez de gay) y el poso existencial de Nuri Bilge Ceylan rodado en un único y ante todo, insólito plano secuencia.

¿Qué ofrece?

Probablemente estemos ante el empleo del plano secuencia más justificado que jamás podríamos llegar a imaginar. "Fish & Cat" es una obra única y apabullante que, propulsada por un prodigio técnico que aparantemente debería limitarlo y anclarlo en un solo momento del presente, reflexiona ante todo sobre el tiempo, el futuro, el pasado, y por descontado el presente. Sobre como plasmar una perspectiva en el tiempo y al mismo tiempo, fisurarlo y desquiciarlo. Un reto ambicioso y extremadamente complicado que Shahram Mokri tiene la delicadeza de afrontarlo desde la más absoluta honestidad y austeridad, pero también desde la descarada valentía, una precisa y rigurosa planificación, y una inabordable creatividad. Estamos ante un plano secuencia de dos horas y cuarto en el que no hay noticias de la steadycam (pese a los innumerables paseos que sus personajes recorren siguiéndoles su director cámara en mano), tampoco atisbo alguno del empleo de cualquier artificio formal. Lo que si que presenta es una película que se antoja tan cruda como estratosférica, tan fabulesca como pesadillesca. Una mirada rebosante de matices dramáticos, terroríficos, cómicos, poéticos o incluso folklóricos, que también levita sobre un antológico poso existencial, que se siente tan técnicamente portentosa como atmosféricamente arrebatadora, cuya sideral grandeza viene marcada por la inaudita ruptura de la relación espacio-tiempo que articula, que bien podría leerse como una descarnada métafora sobre el vulnerable sometimiento al que se ve abocada la juventud iraní ante el opresivo poder político y gubernamental. Una juventud devorada por su propia sociedad que asimismo también podría compararse con el cuento de Caperucita Roja y el Lobo Feroz. Cuando la vean (ojalá así sea) me entenderán. Puro arrojo y absoluto genio que encumbran un plano secuencia único en su especie. Brutal.


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