Lo mismo puede pasarte con un libro o con una película, solo que estas artes no suelen ser tan omnipresentes como la música. Y digo suelen porque a todos nos ha obsesionado una novela o un film q no podemos sacarnos de la cabeza. Recuerdo lo obsesionada que estuve con "El amor en los tiempos del cólera", con "Jane Eyre" o con "Nada" de Carmen Laforet. Cómo las andaduras de sus protagonistas me acompañaban y preocupaban extendiéndose a lo largo de todo mi día. Pero es la música la que más espontáneamente irrumpe en mi interior latiendo fuerte y empujando sensaciones que, en demasiadas ocasiones, se tornan en borbotones de lágrimas. Esto pasa al volante de mi coche, lo que lo hace muy peligroso; en la consulta de un médico,lo que lo hace muy dramático, ya que apareces como una mujer atormentada a los ojos de otros; mientras comes con tu familia y suena de fondo en un anuncio o en un reportaje, lo que lo hace muy bochornoso porque todos preguntan qué te ocurre y acaban riéndose de tus espontáneos y carentes de sentido llantos.
Todos aquellos que sientan un poco esto, sabrán lo agradecida que le estoy a esa música que como el agua o el aire llega a rincones donde nadie más llega y donde una vez conquistado por un período de tiempo nada más cabe.
Mumford&sons;
