En esta segunda entrega de la saga, la inspectora Petra Delicado consolida su relación con el subinspector Fermín Garzón. Ya quedó bastante establecido el contrapunto Quijote/Sancho, pero aquí se retrata para siempre. La Petra intelectual de biblioteca de facultad. El Garzón curtido en la Universidad de la calle. Un clásico.
Un hombre muere apaleado y el único testigo es un perro. La investigación nos lleva por el submundo del tráfico de animales en una Barcelona marginal que se separa bastante del modo Ramblas/turisme/Mercat de la Boquería de la Barcelona europea y cool.
Adictiva y refrescante, ya me estoy haciendo fan -, pero no sé si de Petra o de Garzón-.
Vida perra.
