
Nos encantaría tener una cotidianeidad como la reflejada en Diario de lo cotidiano; 37 composiciones que rezuman bondad, verdad, preocupación por la otra persona. Generalmente, es la amada la que ocupa la atención del poeta. Estos versos son comparables, sin duda, a algunos de los más bellos del 27. Creo que Guzmán Villardón Preciado está influido por una de las generaciones que mejores poemas nos regaló. Y digo esto porque no solo de amor vive nuestro poeta; también de desamor y, sobre todo, como en el 27, de conciencia social. La poesía de Villardón se humaniza en cada verso y denuncia las injusticias, la represión y la violencia.

Violencia en general o el rechazo específico, de la violencia de género, proclamado en Carta urgente para una mujer asesinada. El título ya nos destroza por la paradoja que representa. Es urgente, pero ya no irá dirigida a ella, pues no está. Es urgente para el resto, para todos los que vivimos de espaldas a esa “fatiga” que sufren algunas mujeres
¡Maldita sea!
¡Malditas sean todas las muertes injustas!
¡Malditos sean todos los asesinos!
El primero de estos versos representa el disgusto que siente el poeta por lo que avisó al comienzo del poema “Te mataron”. Este disgusto, referido a una persona concreta, que marca el pronombre, se expande, como el verso anafórico siguiente, a cualquier atropello; disgusto, no por la muerte en general sino específicamente, la injusta. En el siguiente verso, su denuncia se expande a los responsables de cualquier maltrato. No hay asesinos de una u otra clase. Lo son. El sustantivo categórico lo afirma.
Guzmán recuerda qué se consigue con estas muertes «Te arrebataron tus sueños / Y con ellos se fueron los míos». No solo se corta la vida de una mujer, también la posibilidad de vivir en una sociedad más justa.
En Diario de lo cotidiano encontramos, además, la acusación referida a la violencia desmedida y horrenda. En La tierra se resquebraja denuncia sobre el papel y nuestras conciencias el genocidio de Gaza; pero puede referirse a cualquier guerra, hoy tan habituales. El poeta pone su esperanza en los que consiguen salvarse, planea un futuro mejor para ese pueblo devastado «por tanta bomba asesina de inocentes». De nuevo la segunda persona, ahora para alertarnos del individuo; no hemos de pensar en que ha habido un montón de muertes anónimas; es un conjunto formado por un tú, más otro tú… «Vuela tú» «tu alma en polvo renace de sus propias cenizas» «Vuela y no descanses». Las ganas de libertad para estos pueblos oprimidos están en la anáfora “Vuela”. Guzmán desea que estos lacerados sean capaces de sobreponerse a quienes asesinan, de pasar por encima de «sus míseras vidas». Ahora sí, el epíteto explica con toda intención lo que son.
El dolor de los inmigrantes, también ocupa nuestro día a día. Villardón Preciado exclama la impotencia del inmigrante cuando se juega la vida sin que pongamos remedio efectivo. La intensidad emocional queda expresada en la mezcla de versos de arte mayor y menor con diferentes medidas. La polimetría de «Vidas enredadas en el alambre de la injusticia» permite al autor ajustar su sentimiento al ritmo del poema. Comienza describiendo destellos de lo que ve:
Retazos de vida
jirones de piel
para ir explicando lo que significan esos conceptos, «esperanzas rotas en añicos imposibles de pegar».

La forma del poema mantiene una gran musicalidad; con el contraste versal, al mismo tiempo las sensaciones del autor enmarcan la desesperanza e indefensión que, en primera persona, se dirigen los afectados a sí mismos, mientras nos acusan de abandono
¡Qué honda pena es acabar así!
Casi el resto del poemario es de amor, en la vida, en la muerte y tras ella. Amor como el sentimiento esperanzador del que se alimenta «Quiero que mis manos hambrientas / te busquen cada noche». Las personificaciones no solo ocupan el cuerpo, también el espíritu cobra importancia en el amor y el deseo. El ánimo se materializa de forma metafórica y comparativa hasta que estamos seguros de qué quiere transmitir, «tus sentimientos / clavados a fuego / como llamas encendidas».
Los pájaros se encargan de ser símbolos del alma clásica con los que quiere conectar la sustancia de sus cuerpos a la espiritualidad inmortal «...pájaros de papel! / ¡que alcen el vuelo tan alto». Pájaros como metáfora del amor que siente; un amor que viene pero también «se alejan de mi ventana / alzan el vuelo sin reparo alguno»; un amor que intenta eliminar la tristeza, algo impostada, de ella, «van a buscarte / […] / donde brotan tus lágrimas azules»; un amor que triunfa al final, «Hoy / los pájaros / han vuelto / me han traído la luz».
Ella es el fin principal del poeta, los pronombres no dejan lugar a dudas. En “Tú” la amada es su forma de vida, la verdad, la alegría, el comienzo tras la caída, la confianza, Guzmán, como Salinas, busca la esencia del amor y la encuentra más allá de la poesía, en la propia amada, alguien que representa la sensualidad y la sustancia espiritual
Vaciar tu pelo de besos / para llenarlo de caricias infinitas / de cálidos abrazos / de eternas madrugadas / […] / era llegar / hasta donde la poesía todavía no ha llegado
La riqueza de metáforas, anáforas, epíforas, paralelismos, conexiones imposibles, hipérboles y paranomasias consiguen una profunda acumulación de sentimientos, en los que explora el dolor por la ausencia de la amada, la idealización del amor y el anhelo del gozo.
Guzmán es un trovador enamorado. Enamorado de la vida, enamorado de la paz, enamorado de la justicia, enamorado de la igualdad, enamorado de la magia del amor.
Quiero llenar de besos
el espacio que hay entre mi cuerpo y el tuyo
