Texto original escrito por Ana. Sígueme en Twitter.
¡Hola de nuevo!

Hace tres meses que dejé de escribir en este espacio. En casi cuatro años nunca había dejado de escribir por un periodo tan largo. Durante este tiempo pasé por una “crisis digestiva”.
La digestión es el proceso de transformación de los alimentos en sustancias más sencillas para ser absorbidos. Este proceso permite que el organismo absorba los nutrientes que necesita para su buen funcionamiento y excrete aquellas sustancias que no necesita.
Así como una correcta digestión es vital para mantener la salud del cuerpo, también lo es digerir las diferentes situaciones que se nos presentan en la vida.
En el último par de años me he enfrentado con situaciones difíciles de digerir. Varias se me han quedado atoradas. Algunas de forma consciente las había querido mantener ahí, sin que se movieran, ignorándolas, minimizándolas y otras de plano no me había dado cuenta que me seguían estorbando.
Cuando a nuestro cuerpo algo le estorba, le hace daño o no le sirve, encuentra formas de expulsarlo o eliminarlo. Para ello tomará las medidas que sean necesarias, como el vómito, la diarrea, diversas enfermedades, que, aunque sean desagradables, generan un gran alivio y el regreso al equilibrio. Psicológicamente es lo mismo. Aquello que no procesamos encuentra su forma de manifestarse, de liberarse y afrontarlo no es agradable, pero necesario.
Como siempre, mi amado cuerpo comenzó a darme las señales de que necesitaba espacio para procesar algunas cosas pendientes: empecé a estar agotada, apática, malhumorada, granitos en la cara…pero no lo escuché porque estaba muy ocupada poniendo mi atención afuera. Mis monstruos se habían apoderado nuevamente de mí.
Naturalmente soy líder, entusiasta, me gusta organizar, participar en todo, iniciar proyectos, conocer gente, salir… Todo eso me encanta pero es muy fácil que se me salga de control y la líder y sociable se convierta en la híper responsable incapaz de decir que no. La reconozco perfecto: su cara deja de tener brillo, está cansada todo el tiempo, tiene problemas para conciliar el sueño, su agenda tiene pocas horas libres, todo son compromisos, se siente abrumada, está resentida porque siente que nadie le agradece ni aprecia verdaderamente lo que hace, espera reconocimiento de los demás, siente que si ella no hace las cosas nadie más las va a hacer.
Como no le hice caso a la primera, mi cuerpo se encargó de hacerme parar a como diera lugar. Las migrañas, que habían desaparecido desde hace años, regresaron, intensas, constantes, paralizantes. Empecé a tener problemas digestivos, aunque nunca los había tenido y seguía comiendo lo de siempre (¡les digo que el cuerpo habla, claro y fuerte!). Me deprimí. Comencé a enfermarme de las vías respiratorias (como cuando era niña y pasaba por periodo de exámenes). Tenía “olvidos”, “descuidos”, “extravíos”, “accidentes” que pongo entre comillas porque no eran casuales, estoy convencida de que eran actos fallidos.
Así que me encerré en mí para poder regresar a mí. Desde entonces he estado pasando por una intensa transición personal y profesional.
Parte de esta transición ha implicado:
- Volverme a poner a mí como mi prioridad.
- Rechazar proyectos que sinceramente no se alinean conmigo.
- Aprender a decir que no a personas cercanas y queridas.
- Re-organizar mi proyecto de vida.
- Escuchar a mi cuerpo, experimentar para saber qué es lo que necesita.
- Descansar.
- Desconectarme totalmente.
- Regresar a terapia. Leer. Meditar.
He aprendido que:
- A veces descansar me genera culpa, tengo que seguir trabajando en eso.
- Rechazar invitaciones, decir que no, poner límites es muy difícil para mí, pero puedo hacerlo.
- Mientras menos tengo en mi plato, más alegría, creatividad, paz tengo en mi vida.
Este proceso me ha permitido:
- Procesar y soltar.
- Sentir.
- Dejar ser.
- Crear.
- Conocerme mejor.
- Amarme más.
Agradezco a todos los que se acercaron durante esta fase. Me disculpo con aquellos a los que no les he respondido, ya lo estaré haciendo.
Los extrañé, pero me extrañaba más a mí. ¿Cómo podría hablarles de equilibrio y salud, sin yo trabajarlo también? Como ven, la vida saludable no es una meta a la que se llega, es un camino que se recorre.
¿Alguno de ustedes ha vivido periodos donde su cuerpo / la vida los ha obligado a hacer un alto en el camino?
¿Alguno de ustedes es también híper responsable, perfeccionista, “ajonjolí de todos los moles”?¿Cómo le hacen para regresar a su centro?
