Revista Arte

Dos curiosas festividades medievales

Por Beldz

Muchas veces, la Edad Media tiene esas cosas que, vistas desde nuestra óptica, resultan extraordinarias. Pensamos: están locos esas gentes del Medioevo. Y no nos falta razón, pues había tradiciones que, si se realizasen hoy, levantarían una grandísima polémica, sobre todo entre los eclesiásticos. En la Edad Media había un período corto de tiempo en el que la Iglesia permitía la ritualización del mundo al revés, es decir, la alteración del orden jerárquico, muchas veces como recompensa a los esfuerzos del bajo clero -este mundo al revés lo podemos encontrar hoy en día, por ejemplo, en los días de Carnaval-. El problema es que muchas de estas fiestas habían ido derivando en desorden: cantos obscenos, representaciones irreverentes... algunas, incluso, se hacían en el interior de las iglesias y las realizaban los mismos clérigos. Estos oficios, con el tiempo, acabarían siendo prohibidos por la Iglesia dentro del ámbito eclesiástico, aunque continuarían representándose en la calle. Como ejemplos, os he traído dos fiestas que, por sus características, creo os van a sorprender:
La conocida como Episcopus Puerorum es una de las más sorprendentes. Esta fiesta era una lejana derivación de las Saturnales, celebradas en diciembre en la Roma antigua, y en las cuales los esclavos eran liberados de sus obligaciones, y sus papeles intercambiados por los de sus amos. El Episcopus Puerorum consistía en la elección, en el seno de la escuela monacal, de un niño que debía hacer las funciones de obispo durante tres días. Este obispillo -llamado episcopellum- celebraba el oficio de la misa y pronunciaba un sermón de alto contenido satírico. Lo extraordinario se encontraba en la actuación de los monjes: éstos, mientras el obispillo oficiaba, hacían cosas obscenas, danzaban, jugaban a cartas debajo del altar y sustituían el incienso por excrementos, con la intención de producir malos olores. Cuando acababa la misa, subían en unos carros llenos de estiércol y recorrían el pueblo lanzando las heces sobre la gente que se agolpaba en las calles para seguirlos. Y todo ello, para celebrar la circuncisión de Cristo. Hoy en día se continúa realizando esta tradición en Montserrat, con la elección de un obispillo que ofrece la misa, aunque sin la burla medieval, por supuesto.
Otra fiesta era la llamada Cornomania, celebrada el sábado in albis -relacionado con el bautizo de los niños-, el primer sábado después de la semana de Pascua. El sacristán se ponía una corona de flores de centeno -una variante cornuda- e iba por el pueblo con un bastón de cascabeles incitando a la gente a celebrar el sábado in albis. Había cantos llenos de burlas hacia la jerarquía eclesiástica y gestos obscenos y cómicos. Los mismos clérigos danzaban, cantaban y montaban asnos al revés. En la cabeza del asno se colocaba un platillo con monedas, con la intención de que los clérigos las cogieran. Como estaban subidos del revés, la tarea resultaba muy dificultosa. Siempre caían los monedas al suelo, hecho que aprovechaba la gente, enfervorizada, para recogerlas. La fiesta terminaba con la bendición de las casas y la entrega de un dulce especial -tradición que aún hoy se conserva, con las conocidas monas de Pascua-.

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