Revista Cultura y Ocio

El afinador de pianos. Daniel Mason

Por Mientrasleo @MientrasleoS
El afinador de pianos. Daniel Mason
 

     Hay títulos que atraen sin tener un motivo claro y que luego uno deja en la esquina del estante sin recordar muy bien. Eso me pasó con este libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, El afinador de pianos.

     Conocemos a Edgar Drake, afinador de pianos y especialista en los Erard, Drake es llamado por Carroll, comandante médico del ejército colonial británico en Birmania, para afinar precisamente uno de esos pianos que es para el comandante una herramienta imprescindible para su trabajo con los habitantes locales de la zona. Y así es como Drake se embarca en un viaje que cambiará su vida y en el que descubrirá otra forma de relacionarse con su entorno y de entender cuanto le rodea.

     He tenido sentimientos encontrados con esta lectura. Por un lado es una novela que coge un tono chapado a la antigua con el que busca cimentar una ambientación que es la piedra angular del libro. no solo la basada en las descripciones sociales, geopolíticas, humanas o musicales, también las que se apoyan en el propio mimbre del libro. Resulta además curioso y un tanto romántico el concepto de música que tienen los personajes, y es que tienen en una estima tan alta su importancia, que no dudan en considerarla una herramienta vital para la vida. Ya sea la forma en que Katherine (la mujer del afinador) y Drake se conocen o el modo en el que influye para las tribus birmanas, el autor se recrea tanto en ella como en la variedad y calidad del piano en el oficio de afinador. Drake por su parte es presentado como un hombre que simplemente tiene una profesión que realiza con habilidad y es lógica su sorpresa ante casi todo lo que se le pone delante. Incluso el autor se refiere a él en alguna ocasión como un simple afinador, que fijaos, acaba en Birmania, en la selva, que ve un tigre y tribus y plantas y, por supuesto, también un piano. Muestra esa visión del colonialismo como algo enriquecedor, la llegada de la civilización y la cultura para las gentes, que en aquel momento se potenciaba y que ahora no se comparte y otorga un tono casi pasado de moda a la novela al representarlo consiguiendo de este modo despegar la parte real de la representada en la que llegan a ser ficción hasta los nombres de algunas plantas. Y todo esto, está muy bien.

     En el otro lado tenemos las mismas descripciones que se hacen largas, el viaje casi eterno y cuya función en la novela uno no entiende hasta el final de la misma, que me resultó en cierta medida una sorpresa. Las expresiones y el tono, los clichés, considero que no le hacen un favor a la historia y, si bien entiendo que de haber colocado un lenguaje de altura se hubiera hecho interminable ese mirar un país nuevo describiendo al lector cada parte, si que un punto intermedio me hubiera hecho de digestivo adecuado en más de una página cuyos diálogos me han resultado forzados. He echado de menos un Carroll impactante y quizás incluso menos humano de lo que Drake lo ve, supongo que llevada por el toque romántico de un afinador de pianos e impulsada por el hecho de que no llega a él hasta la segunda parte, mi cabeza había construido un personaje diferente, mucho más carismático.

     El resumen de El afinador de pianos sería que, si bien he disfrutado de la novela, necesito de la distancia para realizar una relectura a la que llegue sabiendo incluso el final. Y es que creo que de ese modo disfrutaré mucho más del camino.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


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