26 de Julio del 2013 | etiquetas: Diseño
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Una de las mayores virtudes del ser humano, aquello que nos hace grandes y nos diferencia, es nuestra capacidad para crear. Pero ningún proceso creativo surge de la pura nada, el arte debe nacer gracias a la copula de las referencias (o influencias) y el talento propio, dando luz a algo nuevo y único que servirá de inspiración para generaciones futuras. Es así como el arte, y el cine, se convierten en otra forma de forma de inmortalidad, como son los hijos, y si de directores inmortales se trata, Stanley Kubrick probablemente sea la mejor muestra de ello.
El eterno perfeccionista, el obsesionado de los puntos de fuga, aquel al cual ningún género se le resistía. Y de la fusión de su cine y la mano de Mark Englert nace esta serie de panoramas inspirados en las películas del maestro. Tan solo queda dejarse llevar.
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