Aguzó el oído intentando captar lo que se decían los caballeros, pero debía de ser una conversación intrascendente y no fue capaz de retener una sola palabra. De modo que siguió tendiendo la delicada prenda sobre el barandal y, al ir a desplegarla por completo, fue cuando percibió el movimiento de uno de los personajes (los llamó así), que ahora parecía mirarla a ella, y la presencia de un tercero al que hasta entonces no había advertido.
