Revista Cine

El día del espectador: los inicios

Publicado el 19 febrero 2020 por Cineenserio @cineenserio

La primera vez no se olvida. Normalmente ese pensamiento popular es el pistoletazo de salida para que la pantalla empiece a hacer una transición a blanco – con su sonido correspondiente de transición- la música suba y vayamos a un bonito flashback donde todo tiene un color cálido.

‘Hoy es tu primer día de colegio’, ‘el primer amor no se olvida’ o la primera colonoscopia es la peor’ son mantras que se repiten una y otra vez, más a modo de auto convencimiento que de ley dogmática para la religión de ‘Gli Inizziale’, un culto religioso italiano que me acabo de inventar y que está, en su mayor medida -chispa más o menos- constituido por gente que nunca le ven el fin a las cosas.

Del mismo modo que los inicios se recuerdan, los finales no. 

Los finales son el pescado en blanco de las emociones, que sí que alimenta, pero es una nadería muy grande. Cuando llega el punto final, uno siempre espera una gran fanfarria, globos y fuegos artificiales, la banda del instituto de Arlington entrando a tropel por el pasillo de tu casa mientras saltas a cámara lenta por haber conseguido lo que siempre quisiste.

Aunque la realidad es un postadolescente sentado en la habitación de casa de sus padres, pulsando F5 constantemente hasta ver como los créditos universitarios llegan a cero y, tras semejante tristeza, comprenda que es el momento de seguir adelante. 

Por eso, mejor nos quedamos con los inicios que todo el mundo dice que son maravillosos y aquí justo es donde empieza ‘El día del espectador’.

El día del espectador: los inicios

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