Revista Cultura y Ocio

El estilita. Uri Costak

Por Mientrasleo @MientrasleoS
El estilita. Uri Costak
     "Contaban los que decían que lo vieron que el rayo fue una de las descargas más electrizantes que jamás habían caído del cielo; que el pueblo, por un instante que pareció suspenderse en el tiempo, quedó iluminado como si fuera de día, colmado de un intenso resplandor que se extendía sobre las paredes, desplegándose alegremente por las calles del casco antiguo. 
     Contaban los que decían que lo oyeron que el posterior estallido del trueno pareció arrastrar consigo todo lo que lo rodeaba; que los muebles de las casas más viejas sufrieron una sacudida tan inusual que algunos, incluso, se movieron de habitación".
     Nunca había oído la palabra estilita hasta que, hace unas semanas, me preguntaron si sabía lo que era. Eso captó mi atención y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El estilita.
     Viajamos a conocer un pueblo francés llamado Gyors de la Montagne, un lugar que se ha hecho conocido por una escultura situada sobre una columna en el centro de su plaza mayor y por la historia del Conde Italo Rodari a quien representa dicha escultura. Quiere la desgracia que, durante una tormenta, un rayo caiga sobre la estatua destrozándola y dejando la columna sin reclamo y al pueblo sin turistas. Cuando el alcalde Pierre Laville comenta su preocupación con su ayudante Serge, poco espera encontrar a un hombre subido en lo alto de la columna. Inmóvil. Observando el mundo desde las alturas sin decir palabra.
El estilita. Uri Costak     El estilita es un cuento para adultos que no pierde de vista su carácter de cuento en el tono en el que está narrado. Un cuento de esos que tienen incluso moraleja, solo que al ser para adultos, cada uno elige la moraleja que ve en él: es decir, puede quedarse con la visión del estilita, con la del alcalde o con la de la sociedad. Pero empecemos por el principio, os haré la misma pregunta que me hicieron a mi, ¿ya sabéis lo que es un estilita?
Los estilitas eran monjes cristianos que vivieron en el Medio Oriente durante el siglo V y que pasaban su vida en una plataforma situada en lo alto de una columna. Pero ya no estamos en el siglo V y ahora apenas nadie sabe lo que significa esa palabra. Y justo eso es lo que sucede también en esta historia.
     Costak nos sitúa en un lugar cualquiera y, lo único que hace, es subir a un hombre a una columna. De hecho, el protagonista de su novela lo único que hace es subirse a la columna. No da discursos, no proclama, no protesta, ni siquiera le importa si la gente le mira o piensa oponer resistencia alguna a bajar. Es más, él mismo dice que estará allí subido mientras se lo permitan. Y eso es lo más chocante de su historia. ¿Qué hacer ante algo así? Para la clase política representa un problema. a gente se fija en él y desalojarlo, si es que eso puede hacerse de una columna, podría ser un suicidio ante los electores a quienes llama la atención. Sobre todo porque los medios de comunicación comienzan a fijarse en ese hombre. Para la oposición, en cambio, puede ser un arma arrojadiza perfecta si encuentran a las suficientes personas a las que moleste este hombre, y en el mundo en el que vivimos es fácil encontrar a personas molestas con casi cualquier cosa. ¿Y la gente? La gente mira hacia arriba, a lo alto de la columna, y se pregunta qué hace ese hombre allí. La gente va, da vueltas, lo mira, se pregunta sus motivos y, cómo no, se compra una camiseta. Porque eso es lo que hace la gente, ¿no?, parece decirnos el autor: comprarse una camiseta.
     Hasta aquí son los hechos que nos presenta Costak y a partir de aquí la reflexión es nuestra. En un librito pequeño que me ha recordado a Jane Teller desde las primeras páginas, existe un momento para que nos paremos a pensar qué creemos nosotros que sucedería y cómo una única persona por el simple hecho de subirse a una columna sin hacer nada más, puede movilizar a un pueblo entero, a un sector social, en una sociedad de prisas y carreras.
     Acercarse a leer El estilita supone llegar al acuerdo de saber que no estamos ante una simple novela. Saber que a mitad de la historia es la que construiremos nosotros al leerla. Saber que la vida a veces se trata de observar, y aceptar que seremos nosotros quienes, desde nuestra altura de dioses de los mundos creados, observaremos lo que sucede en esta historia sin mediar palabra.
     Me ha gustado. Me gustan las rarezas. Si a vosotros también os gustan, no lo dejéis pasar. obre todo porque no pienso contaros qué sucede con el hombre que sube a la columna, aunque me interesaría saber lo que creéis que puede suceder.
     Y vosotros, ¿on qué libro comenzáis la semana?
     Gracias.

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