Revista Coaching

El falso feminismo

Por Maria Mikhailova @mashamikhailova

 feminism-dictionary-def-375x250

Hace tiempo que quería escribir un artículo para mi blog sobre el falso feminismo que está reinando en nuestra adelantada sociedad occidental. Es más: este iba a ser mi primer artículo del blog, pero pensé que necesitaba hacer una introducción más genérica y lo he ido aplazando.

Resulta que el feminismo consiste en equipararse al macho y no a un macho cualquiera, sino al de los más bajos instintos: descaro, grosería, falta de respeto y educación, exaltación de lo sexual, lucha y violencia. Lo siento, eso no puede ser feminista, eso es machista, profundamente machista.

Y es que vivimos por desgracia en un mundo terriblemente machista, tanto que hasta las propias mujeres ya no valoran nada de lo que son, sino que ensalzan lo masculino y buscan convertirse en machos. Y aunque en cuanto a derechos legales los hombres y mujeres debiéramos ser iguales, no lo somos en nuestro yo más profundo. Es obvio que por razones biológicas somos bastante diferentes y por tanto complementarios. Pero la diferencia mayor está en nuestra psique. Ni deseamos las mismas cosas (aunque artificialmente nos están comiendo el coco día tras día), ni las mismas cosas nos hacen felices. El problema del machismo de los tiempos que corren es que se ha puesto en primer lugar todo lo masculino: carrera, trabajo, éxito, ambición, dinero. Y no es que todo esto sea malo ni mucho menos, sólo que son características puramente masculinas y se ha establecido que lo masculino es lo mejor.

Mientras que lo femenino (es decir lo que hace feliz realmente a las mujeres) se ha relegado al segundo plano: familia, hijos, sensibilidad, emociones. ¿Cuál es el efecto? Que una mujer que no está en el mundo masculino (es decir, una mujer que no está comportándose como hombre, luchando por su carrera, por el dinero, por la independencia) se convierte en una perdedora. Y el resultado es terrible: las mujeres dejan de ser mujeres para convertirse en hombres, pero esto no les quita su conflicto interior, pues lo que las hace en el fondo más felices es ser mujeres, ser ellas mismas.

El problema viene de hace tiempo: en las escuelas se enseña a hombres y mujeres por igual, se les dan los mismos conocimientos, es les iguala… y peor aun: se exalta todo lo masculino como la competitividad, la ambición, los objetivos y se muestra lo femenino como lo débil o inferior. Y sin embargo lo que ocurre es que somos sencillamente diferentes biológica y psíquicamente, y no es peor ni mejor ser hombre o ser mujer. Hemos nacido tal como somos y cada uno tiene sus talentos, sus habilidades y sus necesidades.

Cuántas mujeres luchan hoy día repartiéndose entre trabajo y casa, carrera e hijos… Bien es cierto que si el dinero es lo que deben traer a casa, no queda otro remedio, pero en el fondo una familia feliz sería algo completamente diferente. Los hombres serían más hombres, preocupándose por cuidar de sus familias y proveer a sus seres queridos con todo lo que les haga falta desde el punto de vista material. Las mujeres en cambio llenarían los hogares con su amor, cariño, tranquilidad y cuidados. Y si trabajasen, lo harían por puro placer, se realizarían en sus facetas creativas sin tener que luchar por ser la mejor, sin tener que exponerse a la dura competencia del mundo moderno, sin horarios ajustados ni deadlines que cumplir.

Sé que a muchos lectores todo esto les sonará a volver a tiempos en los que las mujeres estaban en casas cocinando y cuidando de los hijos, sin derecho a abrirse una cuenta bancaria sin el permiso de su marido o sin poder votar… Siento tener que decir que esto último es otra de las aberraciones de la época de degradación en que vivimos. Afortunadamente hemos ido ganando en unas cuestiones (como cierta igualdad ante la ley en algunos países privilegiados), pero a su vez hemos ido perdiendo otros aspectos esenciales, nos hemos pasado de la raya por así decirlo. No, no estoy a favor de que la mujer sea alguien que esté al cuidado continuo de la prole sin derecho a disfrutar. Pero estoy defendiendo que una mujer disfrute siendo ella misma, y no se vea sumida en el miedo al qué dirán si no está trabajando ni luchando con hombres codo a codo. Y es triste que esos reproches muchas veces vengan de los propios “machos” que desprecian lo maravilloso que hay en las mujeres, sobre todo cuando éstas no son capaces de competir con ellos en las mismas condiciones por quedarse embarazadas o tener hijos pequeños.

En cualquier caso la cuestión va mucho más allá, podemos hablar incluso del imaginario social colectivo, del miedo a que si una mujer no trabaja o no es independiente, se convertirá en esclava de su marido, por ejemplo. Y por eso hay tantas mujeres intentando demostrar todo lo contrario: que son fuertes, que no necesitan al hombre para que les ayude en nada, que son como hombres prácticamente, el hecho de tener mil aventuras es ya casi un elogio (y es todo su derecho, sin duda alguna), pero pese a lo que intentamos demostrar, no somos en realidad más felices (tampoco creo que esto último haga feliz a un hombre racional, pero esto es un tema aparte que daría para otro artículo).

El tema me viene rondando en la cabeza desde hace años, desde que descubrí que el problema de nuestro tiempo es que sólo lo femenino que está al servicio del macho está de moda, es decir: la juventud y belleza en la mujer para seducir al hombre, la ausencia de prejuicios para acostarse fácilmente con ella, la independencia para que el hombre no tenga que tener responsabilidad alguna para con ella y un largo etcétera que no cabría aquí, pero aquello que hace a la mujer más feliz, más mujer en su interior, es lo que está en desuso. Cuidar de hijos sin trabajar se ve como una debilidad, dependencia del marido, falta de iniciativa. Y nos olvidamos de que lo bello de una mujer es precisamente su debilidad, su dependencia (porque una mujer no puede ser feliz estando sola, el aislamiento y la soledad pueden ser buenos para el hombre a la hora de tomar decisiones importantes, pero la mujer está hecha para compartir, para compadecer, para comunicar sus emociones). Una mujer ambiciosa y con iniciativa podrá ser una gran ejecutiva o profesional en cualquier ámbito, pero con ello perderá su esencia como mujer y competirá o incluso someterá a los hombres. La cuestión es: ¿será realmente femenina haciéndolo?

No pretendo con todo ello decir que no haya mujeres orgullosas de comportarse como hombres, ser fuertes y luchar por su progreso, aunque mucho me temo que debe haber ahí algún conflicto interior bastante profundo para que una mujer sea capaz de reprimir sus más genuinos deseos, pero esto ya es un tema para psicólogos, lo mío es observación, algo de experiencia y gran interés por la psicología y conocimiento védico, en este caso.

El caso es que hemos llegado bastante lejos en todo esto del machismo, aceptando que ser machista es creer que una mujer y un hombre son diferentes, cuando en realidad es machista igualarlos y tratarlos como a dos seres completamente similares, con la soberbia añadidura de poner al hombre en un lugar superior. Es paradójico y totalmente erróneo. Nadie está por encima de nadie: hemos nacido así por algo, por alguna razón que nos toca aprender en esta vida y lo mejor que podemos hacer es ser nosotros mismos, de acuerdo con nuestra naturaleza. Será difícil, no lo niego, pues los medios de comunicación, las revistas “femeninas” (y que me perdonen las Vogues, Donnas y Ragazzas, pero de femeninas tienen sólo tacones y barras de labios, difundiendo un mensaje completamente incoherente a las féminas), los libros de texto, películas, series, shows de televisión… todo nos llama a las mujeres a convertirse en hombres: independencia, instinto sexual, ambición, competitividad… No es que todo esto sea malo, pero yo personalmente ya he sido “hombre” demasiado tiempo y creo que lo mejor que puedo hacer ahora es ir despojándome de esas cualidades que me han ido volviendo menos mujer, menos yo. Y aun me queda un largo camino que recorrer en este sentido.

Es curioso cómo los Vedas ya abordaron este tema y plasmaron con tanta claridad la verdadera naturaleza de hombres y mujeres. Aunque en realidad (y esto intento decirlo en bajito), las mujeres nacemos con todos los dones, con el gen de la espiritualidad impregnado en nuestra esencia, con el amor, la bondad, el cariño innato, con toda la sabiduría ya “precargada”, como si de pilas alcalinas se tratase… La sociedad, la época en la que vivimos nos va desgraciadamente descargando de esta sabiduría, de esta pureza y belleza (tanto física como interior), al hacernos creer que a lo que debemos aspirar es a lo masculino. Y según los Vedas, es el hombre quien nace con la pila sin cargar, y por tanto lo que debe aprender a hacer es a luchar, a conseguir, a encontrar lo que no tiene. El hombre deberá conseguir las cualidades de la perfección y armonía de las que carece (de ahí que sean más rudos que nosotras, espero que me perdonen por este inciso), mientras que la mujer debería mantener sus cualidades innatas. Y nosotras sin embargo primero vamos perdiendo ese gran don de magas con el que venimos al mundo, para luego empezar a buscarlo… por el camino equivocado. La era masculina no nos ha enseñado otro camino que el de someterse o competir con ellos en lugar de disfrutar siendo lo que somos: mujeres. No es culpa de ellos, tampoco la nuestra. Hemos nacido en un período complicado pero hay una razón detrás de todo: la vida es un proceso de aprender, de buscar, de encontrarse. Convertirse en Mujer en una sociedad controlada por Varones (tanto masculinos como femeninos) es todo un reto. Pero creo que vale la pena intentarlo.


También podría interesarte :

Volver a la Portada de Logo Paperblog

Quizás te interesen los siguientes artículos :