Una vez cuando era joven, mucho más joven, escribió en un verso, que entonces le pareció aunque hiperbólico también consistente, "las inclemencias de la carne". Pasado el tiempo, aunque a regañadientes pero no sin cierta satisfacción utilitaria, considera que tal vez hubo una vez en sus neuronas un aliento precoz de lucidez. Y se duerme acunado por el oleaje de la palabra "inclemencias". Si será capullo...
