Revista Arquitectura

El recorrido vital

Por Experimentourbano
El recorrido vitalEl viaje siempre ha sido el resultado de una necesidad experimentada por el ser humano, desde el inicio de lo que conocemos como tiempo, no hay mayor necesidad que saber lo que no sabemos o de conocer lo que desconocemos. Así el viaje se nos presenta como principio y fin del asombro. Tomemos como ejemplo el viaje marítimo de los españoles a América. La necesidad era conocer y conquistar, sin embargo, se presentaba el horizonte como un impedimento, como temor y un temblor que se calaba en el espíritu del viajero. Este siempre se dibujó como algo lejano e inalcanzable, una línea que dividía el cielo de la tierra y donde el sol nacía nuevamente, un pozo sin fondo donde caíamos al espacio infinito de lo ignorado. Aquel final no es más que un comienzo desde el cual nos lanzamos a lo desconocido, al vacío. El recorrido trazado tiene estrecha relación con ese mismo fenómeno.
Cada vez que se realiza un viaje, el conocimiento que se puede tener de él es siempre tentativo y especulativo. Podemos pensar las variables que se nos presentarán, las vicisitudes que tendremos que enfrentar e incluso el modo que tendremos para resolver algunos conflictos dentro del trayecto, pero nunca tendremos total seguridad de lo que nos depara el viaje en sí mismo. De esta manera, la síntesis del viaje implica necesariamente un descubrimiento y aprendizaje y a su vez, inconscientemente, un acto de fe.Su manifestación inmediata es externa, sensorial y tangible; pues vemos y percibimos lo que nos rodea con nuestros sentidos, abocados hacia lo que está fuera de nosotros. Por ejemplo, al ver una obra de arte o una estructura magnífica, nuestros sentidos se sienten capturados por ello, de tal manera nos asombramos y descubrimos aquello que no conocíamos. Pero también por otro lado, se nos presenta la aventura interna, subjetiva e intangible, donde las experiencias y visiones externas se traducen en sentimientos y sensaciones que actúan dentro de nuestro cuerpo, experiencias de vida, modos y formas de cómo afrontar lo que se manifiesta como realidad, traduciéndose en un diálogo interno que abraza el espíritu.El viaje en sí se nos muestra como la llave que abrirá los límites de nuestra concepción del mundo. Pues el viaje más que vivirlo externamente, se nos presenta y manifiesta de manera interna e íntima abocado a robustecer el espíritu y lo imperceptible.Una vez hace bastante tiempo atrás, recuerdo haber visto un grafiti que decía: “Para qué salir, si todo lo que tengo que conocer se encuentra acá mismo”. Sabias palabras, que relatan cuando el viaje, más allá de manifestarse externamente, se encuentra determinado en aquella recepción intangible del ser humano.Fernando Correa N.

Volver a la Portada de Logo Paperblog