Revista Cultura y Ocio

El último samurái. Helen DeVwitt

Por Mientrasleo @MientrasleoS
El último samurái. Helen DeVwitt
"El padre de mi padre era pastor metodista".
     Vista la sinopsis tengo que reconocer que me sentí atraída por este libro desde el primer momento. Hoy traigo a mi estantería virtual, El último samurái.
     Conocemos a Sibylla, una mujer con una inteligencia extraordinaria, un trabajo precario y una vida un tanto disfuncional. Acude a una fiesta y conoce a un escritor famoso, no solo lo conoce, además tienen sexo y, el resultado de este sexo, es un niño llamado Ludo. Ludo posee una inteligencia extraordinaria y con 5 años es capaz de leer y manejarse en otros idiomas, siempre alentado por su madre, que cree poder aportar al niño mucho más que el sistema educativo, fomentando su curiosidad y su necesidad de saber. Sin embargo, hay un tema en el que la madre se muestra inflexible, Ludo carece de una figura paterna, ni siquiera conoce el nombre de su padre. En lugar de eso, intenta sustituir esta laguna poniéndole la película Los siete samuráis consiguiendo que marque el desarrollo de su hijo, un niño que, tarde o temprano, comienza la búsqueda de su padre..
     El último samurái fue publicada allá por el año 2001 bajo el título El séptimo samurái, ahora una editorial ha decidido darle vida de nuevo a esta novela. Una novela que la autora abandonó tras diecisiete meses de escritura y con una oferta sobre la mesa y que luego retomó, escribiéndola bajo el título El séptimo samurái pese a que cambió el título por el actual antes de que la novela viera la luz. Está claro que todo esto no es particularmente relevante para el libro, pero siempre me ha gustado conocer un poco la otra historia de las novelas, esa que no vemos en sus páginas.
     Estamos ante una novela de las llamadas Bildunsroman en la que somos testigos del crecimiento y desarrollo de un niño superdotado. La novela, que comienza mirando atrás en el tiempo y la familia de Sibylla, nos va dejando ver esa suerte de angustia que tiene una madre que descubre que la inteligencia de su hijo va más allá de lo normal, incluso de lo excepcional, y la responsabilidad que eso la echa sobre los hombros. La necesidad de proporcionar a ese niño las herramientas suficientes para que su desarrollo sea el adecuado y también cómo deja de lado el tema de la paternidad. Y sin embargo, el niño y su voraz necesidad de saber, van creciendo a lo largo de una novela que comienza con el foco centrado en la madre y que poco a poco va desplazando el centro de atención hasta que Ludo es el protagonista total y absoluto. Apenas nos damos cuenta del momento en el que el niño que aparece interrumpiendo a su madre se va adueñando de la historia, pero lo hace. Su desarrollo personal trasciende así al papel y nos involucra en su búsqueda de una figura paterna. Y si esto ya hubiera convertido a la novela en algo diferente, hay que añadir que somos testigos del avance del niño a través de sus logros, de la comprensión de idiomas, lecturas y de la siempre presente película de Kurosawa. DeWitt integra todo ello en la novela y además consigue que la lectura sea ágil y no se vea anclada en un mundo de referencias y traducciones que frenen la trama. Y eso en un libro que se llena de citas, idiomas, cambios de tipografía y de forma que, no solo aceptamos, sino comprendemos como necesarios para formarnos una opinión completa del mundo en el que vive y se desarrolla el personaje principal.
     Ludo, ese niño que, inspirado por la película, emprende con 11 años la búsqueda de su padre a través de siete padres potenciales. Hombres a los que se acerca y que resultan ser atractivos, peculiares o excéntricos pero que siempre están dotados de la fuerza suficiente en el conjunto del relato como para que sus historias vayan dejando alguna impronta en el niño. Y también una pequeña enseñanza sobre la paternidad o lo que debe de serlo.
     En El último samurái Helen DeWitt ha construido una novela excepcional. Y no es azar que haya utilizado la palabra construido ya que trasciende el argumento a las formas de este libro consiguiendo de este modo un "todo" que lo convierte en una novela redonda. No dejéis de leer a Helen DeWitt.
     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
     Gracias.

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