Revista Cine

En profundidad: Bonsái

Publicado el 23 agosto 2012 por Pilarm

En profundidad: Bonsái

FICHA TÉCNICA:

Dirección: Cristián Jiménez

Guión: Cristián Jiménez

Producción: Bruno Bettati, Julie Gayet, Nadia Turincev

Fotografía: Inti Briones

Montaje: Soledad Salfate

FICHA ARTÍSTICA:

Julio: Diego Noguera

Emilia: Natalia Galgani

Bárbara: Gabriela Arancibia

Blanca: Trinidad González

Gazmuri: Hugo Medina

Argumento:

Julio se reune con Gazmuri, un viejo escritor que necesita a alguien para mecanografiar el manuscrito de su última novela. Pero no consigue el trabajo. En vez de contárselo a Blanca, su vecina y amante, decide escribir una novela a mano para que parezca ser la de Gazmuri. Buscando una trama, Julio recuerda el romance que tuvo hace ocho años con Emilia, cuando ambos estudiaban Literatura en Valdivia.

En profundidad: Bonsái

Cuando escucho la palabra bonsái, lo primero que se me viene a la cabeza son todas aquellas cosas que caracterizan la cultura japonesa: interacción armónica con la naturaleza, visión artística del mundo, paciencia, calma, dejar que las cosas se desarrollen por sí mismas. El devenir natural de las cosas, en definitiva. Y, ciertamente, Cristián Jiménez no pudo titular mejor su película.

Bonsái es una cinta lenta y larga, que se recrea en los detalles, las texturas, los pequeños momentos más que en las generalidades. Mediante flashbacks y flashforwards con 8 años de diferencia, conocemos la vida de Julio, o más bien, dos momentos muy concretos. Por un lado, el tiempo presente, en el que no tiene trabajo y mantiene una relación poco comprometida y despegada con su vecina, Blanca; y por otro, su primer año de universidad, donde conoció a su primer amor, Emilia. Ambas historias se enlazan y justifican, mientras Julio intenta darle sentido a sus recuerdos, encontrar respuestas en el pasado a las preguntas del presente mediante la redacción de una novela.

En profundidad: Bonsái

El carácter pausado y tranquilo tanto del personaje principal, como de la historia puede dar cierta sensación de falta de contenido, pero igual que en la vida real, a veces, las miradas, los silencios y los gestos dicen muchísimo más que las palabras. Jiménez deja que la historia fluya por sí sola, sin forzar las situaciones, sin sobreexplicar las situaciones, haciendo uso de la pasión por la literatura del personaje principal, y añade esa magia tan especial que surge cuando una persona se ve reflejada a sí misma en una obra de arte. Cómo el arte es espejo de la vida, y la vida se ve influenciada por el arte hasta unos extremos que rara vez podemos sospechar.


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