Revista Cultura y Ocio

Ensayos. Michel de Montaigne

Por Mientrasleo @MientrasleoS
Ensayos. Michel de Montaigne

     Hoy nos ponemos serios para acercarnos a un ensayista de sobra conocido al que se le acusa con frecuencia de ser el creador del género. Hoy traigo a mi estantería virtual, Ensayos de Michel de Montaigne.

     Fue Zweig quien me llevó a Montaigne. Llegué como se llegan a estas cosas, por casualidad. En mi búsqueda de la obra del escritor austriaco finalmente me tropecé con el libro que se titula Montaigne en el que el autor, en su última etapa, habla del autor de los ensayos. Una obra sin terminar debido a la muerte de Zweig que me llevó a pensar qué tendría el ensayista para provocar un texto tan humano en un hombre que no tardaría en suicidarse y que en este librito en el que apenas traza una biografía se fija en la necesidad de la libertad individual interior mientras estaba viviendo su propia pesadilla. Y no es que no supiera de antemano quién era Montaigne, simplemente me tropecé con la obra adecuada que me dio el empujón definitivo.

     Estaréis pensando que aún no he hablado del libro pero es que muchas veces el libro va acompañado de forma indivisible por sus circunstancias y es en el caso de estos ensayos algo imposible de obviar. Cómo no decir que en ellos las citas a los filósofos clásicos constituyen casi su eje vertebral o que el propio autor en su torre de libros disfrutaba protegido por su biblioteca. Una torre cuyas vigas, y esto si que es imposible no contarlo, llevaban grabadas sus citas favoritas (tal era el gusto del autor por citarse sin saber que hoy sería él el citado). Una obra en la que trabajó toda su vida y que ha de ser leída, ahí me uno a la opinión popular, tal y como fue escrita, poco a poco. Apenas un par de páginas, tres, como si se tratara de una pequeña medicina que da tiempo a pensar antes de seguir avanzando. Una opinión dada mil veces por escritores hoy encumbrados que hablaban sin reparos del placer que les provocaban las píldoras de Montaigne. Sus temas, por otro lado, son universales. La soledad, la educación o la riqueza se cruzan con citas de Platón y Ovidio para dejar reflexiones tan útiles hoy como en el momento en el que fueron concebidas. Y eso, amigos lectores, es lo que lo convierte en un clásico. Trata casi cualquier tema que uno quiera o pueda imaginar, habla en su obra de la vida completa repasando supersticiones y política, y lo hace desde el punto de vista de quien busca un razonamiento más que desde quien conoce una respuesta. Esto ayuda a que su obra no se antoje un ladrillo, es más una invitación a compartir una reflexión en la que nos convence sin querer hacerlo.

     Montaigne se apoya directamente en las personas, en sus costumbres vidas y muertes para desarrollar lo que conocemos como sabiduría popular y lo hace cuajando su obra de citas sin que ello le discuta la intención. Critica la escuela como lugar rígido y ajeno a las calles y se apoya para ello en una suerte de relación de aprendizaje recíproco entre él y su libro a medida que lo va escribiendo colocándolo por encima de la sabiduría que se adquiere al leerlo. Naturaleza, costumbres, muerte, fortuna y sabiduría popular serán sus pilares en una crítica en la que tampoco deja de reconocer el mérito escolástico como una herramienta de refuerzo. Se ampara en la naturaleza humana y da valor a las costumbres como forma de aprendizaje y conocimiento en la misma medida en la que coloca a la fortuna en el importante lugar que ella misma se gana a lo largo de nuestras vidas. Y ahora, por no desarrollar cada punto, regreso a Zweig: la muerte. La muerte es para Montaigne un apartado importante en la medida en la que es importante que cada persona entienda que no es un mal en sí morir y se acerque por lo tanto dignamente a ese momento. Uno muere porque está vivo y el resto son meras circunstancias ya que el hombre, incluso en la muerte, no deja de ser uno mismo y no hace más que desprenderse del resto de cosas terrenales. Y aún así no invita a ella, la trata como consecuencia y él mismo se pone en duda cuando expresa que, llegado el momento, habrá que ver qué hace, si conformarse, si vivir el momento como lo concibe o si, en cambio, se deja llevar por la tentación de hacer todo lo contrario.

     Podría seguir hablando de Montaigne igual que uno podría leerlo de forma ininterrumpida. Es uno de esos libros imprescindibles que hay que afrontar con calma y sin temor a atragantarse.

     Lean, lean a Montaigne.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


Volver a la Portada de Logo Paperblog