Revista Opinión

Es hora de pensar en tomar la Bastilla

Publicado el 11 junio 2015 por Liberal

Después de la terrible crisis financiera del 2008, las políticas de austeridad brutal han sido impuestas en el mundo occidental y especialmente en la eurozona y la Unión Europea. Muchos ya han criticado esta política como irracional, que profundiza la crisis económica aún más creando un círculo vicioso de caída de la demanda, recesión, sobre-endeudamiento, etc. Pero estas críticas no explican por qué seguimos bajo la bota de esta política “equivocada” a pesar de sus evidentísimos fracasos absolutos.

La realidad es que la crisis económica se expresa no solamente por falta de demanda efectiva, sino también porque vemos una reducción en los beneficios de la “clase capitalista” (por llamarla de alguna manera, aunque más que clase capitalista prefiero decir nuestros dueños, los verdaderos dueños del cotarro y de nuestros países y futuros – dueños además ilegítimos porque nadie les ha elegido. La austeridad es simplemente la estrategia para aumentar los beneficios del capital.

La austeridad también forma parte de la llamada “consolidación fiscal” – da prioridad a los recortes fiscales por encima de los ingresos públicos, reduce los impuestos sobre el capital y las rentas más altas, destroza el Estado del bienestar.

Sin embargo, lo que es un “coste” para los dueños del mundo es simplemente un mínimo nivel de vida digna para la mayoría de nuestros compatriotas y seres humanos trabajadores. Esto es aplicable al estado del bienestar, cuyos servicios podríamos decir que formaban parte de una “renta social” o “pacto social” que los liberales habíamos negociado cuando concluyó la Segunda Guerra Mundial. El consenso era que todo ciudadano debería tener un mínimo de seguridad social, un empleo digno que le permitiera vivir y llevar una vida normal sin preocupaciones mayores sobre pensiones, pagar sus costes médicos, etc. Queríamos, porque así es el liberalismo verdadero y no el neoliberalismo imperante, acabar con el terrible legado del siglo XIX en el cual solo hubo grandes movimientos desestabilizadores precisamente por la gran pobreza de miseria que sufría la gran mayoría de la población para que unos pocos señores pudieran vivir a todo lujo.

Está claro, pues, que la austeridad es una política principalmente de clase, de nuestros dueños y sus intereses fundamentales. Promueve los intereses del capital contra los trabajadores, profesionales, pensionistas, parados y todo el que sea económicamente vulnerable. A largo plazo lo que buscan es que Europa se parezca más a los EEUU — menos derechos laborales, menos sanidad pública, menos protección social, con sueldos de risa, bajos, “flexibles” y por supuesto nada de nada de sindicatos. En España ya lo han conseguido prácticamente, pues si un trabajador lleva 20 años en una empresa, solo tiene derecho a ser indemnizado un máximo de un año gracias a la criminal, ilegal, reforma laboral que se hizo a decretazo por Mariano Rajoy, un insecto arrastrado al servicio de intereses ajenos al pueblo español. Podría decir “perro”, pero no se puede comparar un animal tan noble como el perro a un ser tan vil y despreciable como Mariano Rajoy. Es más comparable a un insecto.

La austeridad conduce, obviamente, a la recesión. La recesión presiona al emprendedor individual, tanto capitalista como pequeño burgués a reducir todos sus costes para consolidar sus beneficios a través de los recortes salariales, pisoteando derechos laborales como pueda, despidos masivos, etc.

Desde la perspectiva de nuestros amos, la recesión da lugar a un proceso de destrucción “creativa”. Hay una redistribución de los ingresos y poderes para beneficio del capital y una concentración de la riqueza en menos manos porque las PYMES se ven obligadas a cerrar y dar lugar a centros comerciales con cadenas multinacionales y trabajadores cobrando miseria, con horarios esclavistas y sin derecho a nada.

La mayoría en todos los países capitalistas es pobre y trabajadora – siempre estarán en contra, al menos de boca, de la reducción de sueldos, recortes de sanidad y otros servicios públicas, los costes educativos que no paran de aumentar (especialmente en España…vamos en camino de ser como USA), el debilitamiento de las instituciones democráticas, la represión policial, etc. No se dan cuenta que todo esto no es que sean problemas individuales, sino que son un sintoma simplemente de la recuperación de beneficios.

¿Y qué pueden hacer partidos como SYRIZA?

El electorado griego quería dos cosas: 1. Fin a las políticas de austeridad y 2. Un pacto en el cual los prestamistas (BCE, UE, FMI, o sea “la troika” y ahora llamada “las instituciones” en un intento ridículo de ocultar la gravedad del asunto) para ver si podían cubrir los gastos del sector público griego. La brecha financiera del sector público griego se refiere a deudas con la Troika dentro del marco de los programas de “rescate” de los últimos años.

Grecia necesita una nueva oleada de cambios radicales institucionales para poder construir nuevas alianzas. Lo que falta en todo esto es una troika a la inversa – esto es, una Troika al servicio del pueblo y sus intereses, no de los bancos. Hace unos años se decía “que la paguen ellos” (los dueños del mundo) la crisis. Pues que se siga diciendo porque es absolutamente necesario.

Hace falta crear una dinámica interna en nuestros países para poder reforzar nuestra resistencia a los banqueros prestamistas que nos ahogan. El tema es absolutamente político y de clase. Podemos superar la trampa neolibegal si los gobiernos que vayamos eligiendo, comprometidos con el pueblo y no con el FMI dejan bien claro que si nos obligan, y por no ir contra el mandato del ELECTORADO DEMOCRÁTICO, no vamos a pagar hasta que un acuerdo serio, en IGUALDAD, se pacte.

Por eso SYRIZA y otras formaciones deben seguir adelante en la protección de la mayoría social contra los intereses de la oligarquía financiera.

Alexis Tsipras sí tiene ese discurso, pero no siempre su ministro de finanzas Yanis Varoufakis. Poco después de las elecciones, dijo en público que el 70% de las exigencias eran “buenas para Grecia”. SYRIZA NO llegó al poder apoyando el 70% del famoso “memorandum” europeo. De haberlo dicho así, no estarían en el mapa parlamentario de hoy en Grecia ni mucho menos jugando el papel clave. Este tipo de declaraciones intentan cambiar o traicionar más bien las alianzas sociales que han apoyado hasta ahora este experimento de gobierno más democrático y popular.

Varoufakis además ha dicho esto hace poco, que me parece vergonzoso e inaceptable. De yo ser líder de SYRIZA, le habría pedido su dimisión por esto:

“Estamos en el año 2015 y después de cinco años de recesión catatrófica en la que todo el mundo es una víctima, solo unos pocos listos se han beneficado de la crisis. La época en la cual un gobierno de izquierdas era por definición contrario a los emprendedores ha pasado. Si llegamos a un punto en el que haya crecimiento, podemos volver a hablar del conflicto entre trabajadores y capital. Hoy estamos juntos”.

En una sociedad que ha perdido el 25% de su PIB y gran parte de la población se ha empobrecido a niveles “tercermundistas” (uso la palabra a modo de comparación para ilustrar el nivel económico, no por “esnob” ni mucho menos)…una sociedad donde al igual que España se han intensificado las desigualdades, donde hay paro masivo y condiciones laborales terribles, la política de SYRIZA solo puede ser hegemónica si apoya CLARAMENTE los intereses de la MAYORÍA en su lucha contra los dueños financieros.

No tiene cabida una política que defienda todo lo “griego” o “europeo”. Ese tipo de programa nunca ha sido ni debe ser nuestra visión ni perspectiva.

Estamos en una encrucijada histórica y tenemos la oportunidad de responder con un respaldo claramente mayoritario de la población en el sur de Europa, África y Latinoamérica…todas estas zonas han sido especialmente castigadas por los amos del mundo y juntos podemos darle la vuelta a la tortilla. La clave ahora tendrá que ser recuperar la hegemonía en la calle y a partir de la calle, tomar la Bastilla como hicieron en Francia.

Avisados quedan.


Es hora de pensar en tomar la Bastilla

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