En lo que va de año llevamos en España 23 mujeres asesinadas por violencia de género, y el año pasado la cifra llegó a 44. Esta lacra en nuestra sociedad resulta realmente preocupante, y sin duda es un tema que nos preocupa a los españoles de bien, que asistimos horrorizados al rosario de muertes que cada pocos días nos encontramos en las noticias. A esto hay que añadir que la sentencia de "La Manada" y su posterior y recientísima puesta en libertad han caldeado el ambiente en todo aquello que tiene que ver con la violencia hacia las mujeres por parte de los hombres, y se encuentra tristemente, y una vez más, de rabiosa actualidad.Pocas veces se ha tratado en nuestro teatro la figura del maltratador desde su punto de vista, es decir, casi siempre se plasma el maltrato dentro del lógico drama que supone para la maltratada, pero la psicología del verdugo suele quedarse en segundo plano, siendo el catalizador de la historia, pero no el eje principal. Es importante conocer la psicología de estos individuos para reconocerlos al primer toque de atención, y sobre todo para evitar futuros problemas, que no necesariamente tienen que terminar en una muerte, pero que si podemos considerar violencia de género, y que muchas mujeres aguantan, porque consideran normales actitudes que no lo son en absoluto, y que están aceptadas en mayor o menor medida en nuestra sociedad, que a veces (muchas veces) de forma inconsciente resulta cómplice de la violencia ejercida hacia las mujeres. Mujeres que se ven completamente desamparadas ante la respuesta de su entorno y la incomprensión de las personas mas cercanas a ella. La pedagogía es importantísima en este tema, y sobre todo dos cosas son en mi humilde entender básicas, denunciar cualquier comportamiento de ésta índole, y JAMÁS, culpabilizar a la víctima.Dicho esto, que si bien es cierto, no es muy teatral si es de justicia decirlo, viene a cuento de "Feo" ,que se representó en la Sala Bululú hasta hace una semana, y que vuelve al Umbral de la Primavera en breve. En la que todos estos temas se tratan de una forma bastante cruda, y desde el punto de vista del maltratador, como mas adelante iré desgranando.

Fran García lleva a cabo la tarea de poner en pie a un personaje extremadamente complejo, inquientante y repleto de aristas, siendo en líneas generales, acertado el trabajo de nuestro actor. Para meterse en la piel de un psicópata lo primero que se debe hacer es partir de la verdad, ya que sin eso, nos resultaría imposible creernos al personaje, y en este punto García aporta una entrega emocional mas que respetable, que resulta muy convincente en sus momentos mas comprometidos, y que dota de un poso muy real a su personaje. Para ello se aleja de arquetipo alguno, y pasa por una persona gris, discreta podríamos decir, con una deformidad en la cara, que podría ser cualquiera que nos encontramos por la calle. Hay cierto aire de "hombre de celofán", que nuestro actor controla muy bien, y que resulta muy inquietante, ya que el mensaje de que el monstruo puede estar a la vuelta de la esquina se encuentra muy patente. Lo mas difícil del papel se encuentra en el equilibrio entre la sensibilidad extrema del personaje y su crueldad manifiesta, y que Fran García sabe aunar en su trabajo de forma medida y sorprendentemente resolutiva. La interpretación de nuestro actor nos incomoda por momentos, y nos resulta impactante, ya que nos llega de forma muy directa, honesta y alejada de artificio. Dadas las características del texto, el lucimiento de nuestro actor es grande, ya que le obliga a entre otros, a ponerse en la piel de Otelo, Cyrano, o el mismísimo Armand de Margarita Gautier, siendo García solvente en todos los diferentes estados emocionales que el personaje requiere, y llevando a cabo un trabajo de disociación actoral interesante y cargado de matices. Podemos decir que la entrega y la verdad son lo que priman en una dura creación que no da un respiro a nuestro artista, ni al espectador, siendo el resultado apreciable y de gran altura dramática.

Emilio Ginés Morales, ejerce también la labor de dirección, y varias cosas son a tener en cuenta. La primera de ellas es la enrarecida atmósfera que flota en el escenario, en el que unos vestidos colgados en perchas hacen la labor de los fantasmas del pasado del protagonista de la función, con marcada simbología y marcado aire conceptual.
La función se encuentra con un adecuado tono visual, de interesante acabado, en el que el uso de las proyecciones se encuentra mas que justificado, y son parte imprescindible en el desarrollo de la trama, especialmente inspirado resulta el momento en el que se puede ver la muerte de Greta Garbo en Margarita Gautier, escena inquietante en grado sumo, de ecos necrofílicos, donde una de las muertes mas bellas de la historia del cine sirve para mostrarnos lo enfermo que está el protagonista de la función, y la retorcida psicología del mismo.Morales dirige a su actor con unas premisas muy claras, y en el que se ve perfectamente lo que nos quiere contar, para ello se sirve de las características personales de su actor, algo que resulta un gran acierto para la credibilidad del personaje. Todo en tiene sentido cuando se dice y todo se entiende perfectamente, controlando muy bien los tiempos escénicos, en una función en la que el ritmo fluctúa según va pidiendo cada escena.El espectáculo funciona muy bien en sus transiciones, y en general la limpieza es una tónica desde que empieza hasta que acaba, siendo el resultado pulcro en grado sumo, dinámico y cristalino en su planteamiento. Todo lo que ocurre en escena se ve apoyado con las luces de Nicolás Enciso, que fomentan ese enrarecimiento que hace tan personal a la propuesta, y que dotan de gran elegancia a la función.
