
“La filosofía contiene en sus propias entrañas, desde hace veintiséis siglos, un insulto perpetuo, inagotable. Haber filosofía en el mundo significa, sin remedio, existir en el mundo, tácito o sonoro, este grito: ¡El ser viviente que no es filósofo es un bruto! En el orbe intramundano todo lo que no es filosofía es sonambulismo, y los animales se caracterizan por su existencia sonambúlica (…) Después de su edad heroica en Jonia y la Magna Grecia, en Mileto y en Elea, los filósofos han procurado dulcificar la cosa envolviendo el insulto en melifluencia. Sócrates dirá en la Apología: «Una vida sin filosofía no es vividera para el hombre.» Aristóteles dirá: «Todas las demás ciencias que no son filosofía son más «necesarias» que ésta, pero ninguna es más importante.» Réstense los eufemismos y se tropezará con el insulto” (Ortega y Gasset[1])
[1] Ortega y Gasset: “Apuntes sobre el pensamiento”, O. C. Tº 5, Madrid, Alianza, pp. 541.542
