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" data-attachment-id="1329" data-image-meta="{" aperture="aperture" />En los últimos tiempos y, supongo que como consecuencia de mis duelos, estoy reflexionando bastante sobre la fragilidad humana en general y la femenina en particular.
Siempre ha estado asociada a ser una cualidad femenina, pero como dicen mis ancestras, “Si la humanidad dependiera de que parieran los hombres, ya nos hubiéramos extinguido” y creo que tenían razón.
No podemos (ni debemos) pensar que podemos con todo. Al menos a mi me produce mucha ansiedad no llegar a unas metas, a veces autoexigentes y otras impuestas. Y la ansiedad sabemos por experiencia propia que es una mala compañera.
El modelo de familia tradicional no ayuda para nada, porque busca repetición de patrones clásicos en donde a muchas se nos educaba-domesticaba para ser obedientes y sumisas y por tanto consideradas siempre frágiles y necesitadas de protección masculina.
Con los años y los estudios feministas, muchas descubrimos nuestra verdadera fuerza y nuestra capacidad de decir NO a determinadas situaciones o propuestas que nos podían dañar física o emocionalmente. Esa fuerza no se contradice para nada con la fragilidad ni con la sensibilidad. Las convicciones no se heredan, se construyen cada día y por tanto, pese a no ser inamovibles, si son cambiantes porque evolucionan con cada persona.
Del feminismo radical he aprendido muchísimas cosas, tantas que creo que en ocasiones ser feminista y escribir han sido mis tablas de salvación. Eso y mi extensa familia emocional. Sobre todo, mis amigas feministas.
Ser feminista me ha permitido, entre otras muchas cosas, abrazar mi fragilidad sin temor a sentirla cuando siempre se me inculcó cómo símbolo de flaqueza o de ser una floja. Y para nada. Ser frágil es, también, ser sensible al amor, a la belleza, a la amistad sincera y honesta, a la generosidad emocional, pero también a saber decir NO como elemento de autoprotección como comenté antes.
Aprender a distinguir lo que es el papel asignado por haber nacido mujer de los que son realmente mis deseos. Aprender a reconocer la arrogancia e intentar huir de ella como patrón. Muchas veces poder identificar también que detrás de un levantamiento de voz, sea justo o injusto, se esconden muchos temores y rabias.
Hacer ejercicios de introspección para detectar culpas asumidas innecesariamente, responsabilidades innecesarias cuyo incumplimiento genera malestares varios y variados en origen y así un largo etc. Me llevaron a descubrir mis fragilidades y, en más de una ocasión, a escribirlas. Fue un ejercicio sanador. De nuevo y a vueltas con escribir como elemento ya necesario en mi vida. Para explorarme, para conocerme mejor, para denunciar situaciones que no me gustan y, al tiempo desechar patrones adquiridos “solo” por ser mujer y aceptar otros.
Serán, como dicen algunos machirulos, cosas de feministas, pero son cosas importantes. Porque el feminismo descansa sobre muchas patas como el activismo, la sensibilización, el estudio continuado, las denuncias, desgraciadamente también continuadas, sobre temas como las violencias machistas o las eternas desigualdades que nos impone el sistema patriarcal, etc. Pero también nos interpela continuamente sobre nuestra manera de estar en el mundo y de estar con nosotras mismas. A respetarnos, a querernos como somos, sin más, pero también sin menos. A rompernos cuando nos hacen daño y saber pedir ayuda a las amigas. A perder el miedo, a reconocer nuestras fragilidades. A poder decir BASTA. A mirar nuestro pasado con cariño porque también somos hijas de nuestros tiempos, cada una del suyo y de nuestras circunstancias, cada cual también de las suyas.
No se trata en absoluto de meternos en nuestro caparazón de introspección y de análisis, podríamos decir que ególatra. No, para nada. Más bien al contrario. Se trata más bien de reivindicar cómo somos esencialmente, con nuestras fortalezas y nuestras debilidades. Y también nuestras fragilidades, origen, en muchos casos, de nuestras posteriores fortalezas.
Ser frágil no es, en absoluto, ser débil. Vivir ya nos impone verdaderos retos a todos los niveles y cada día. Permitámonos descansar y reconocer nuestras fragilidades para podernos reponer y volver a salir al mundo con una sonrisa o con un mensaje feminista radical que compartir con el resto de las mujeres que tenemos en nuestras vidas.
Ben cordialment,
Teresa
