Me equivoqué. Sí. No debía haber elegido esta novela para conocer a Fritz Leiber. Debí haber sospechado algo cuando la novela no ha sido reeditada y, en cambio, Crónicas del Gran Tiempo sí. Me despistó el que hubiera recibido el Hugo award en 1958; lo que no deja de sorprenderme. ¿Cómo esta novela recibió un premio como ese? Se nota que es una obra incompleta. Las primeras páginas de El gran tiempo enganchan y prometen; pero es una ilusión que abre más puertas de las que cierra. Ni siquiera me ha valido "el toque Leiber" del que habla Domingo Santos. Como diría el tío Stanislaw: "Fiasco". He aquí por qué.Lo cierto es que esta novela está concebida para ser representada, como si fuera una obra de teatro y el escenario inamovible fuera "el Lugar", que no deja de ser el Centro de Recuperación de los Soldados de la Guerra del Tiempo. Demasiadas palabras con mayúsculas. No nos adelantemos. Leiber pone en boca de una mujer, de oficio "Anfitriona" de dicho Centro, una narración colateral insípida
para dejar caer conceptos explicativos de dicha guerra. Entrar en su enumeración no tiene sentido, lo que no es una paradoja, porque la idea de Leiber es mostrar el sinsentido de ese conflicto, o su falta de lógica para sus contendientes. ¿El propósito es enseñar que toda guerra es absurda? No; demasiado simple.
Leiber describe el uso que las dos facciones en guerra, Arañas y Serpientes, hacen de los
seres del Universo para cambiar el pasado y ganar el futuro. Los soldados son "Dobles", personas arrancadas de su vida antes de morir. Leiber no describe nada de dicho conflicto ni de los bandos, sólo a los personajes, verdaderos objetos de la narración. A la cascada intermitente de conceptos le acompaña la relación de los protagonistas, con un estilo y unos diálogos difíciles de hilvanar.
Pero todo no deja de ser un largo prólogo, un primer capítulo que en español se ha editado por separado al resto de las Crónicas. Leiber insistió en que El Gran Tiempo era el primer relato de la serie, y así se coloca en la edición americana. Sin embargo, en España no ha sido así. Por eso esta novela corta presenta tantos interrogantes, porque tiene su explicación en relatos posteriores y se basa en un misterio pendiente. Sé que debería leer Crónicas a continuación para quitarme el mal sabor, pero no puedo, aún debo esperar un poco. Tengo que retrasar la lectura. Entre el tercer y el octavo capítulo de El Gran Tiempo ya estaba pensando en qué iba a leer luego. En el noveno ya era capaz de inventar oraciones a todos los dioses para que aquellas páginas cobraran sentido e hicieran honor al premio recibido. Me obligó a pasar horas rebuscando en mi biblioteca digital algún libro que me desquitara.
