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‘hannah arendt’: razonar antes de creer

Publicado el 19 junio 2013 por Cintasperdidas @cintasperdidas

CARTEL-HANNAH

doscintas copia

La opinión mayoritaria no se rige siempre por unos razonamientos sólidos como base de sus ideales. La intuición o incluso la propia opinión del entorno de cada individuo puede presionarle para situarse en un lado o en el otro. Una espiral del silencio de la que es difícil salir sin ser malinterpretado; algo similar le pasó a la filósofa y periodista judía Hannah Arendt.

H.Arendt_Pressroom_(B.Sukowa)_(c)_Heimatfilm

Ella, la mujer pensante, interpretada por Bárbara Sukowa en su cuarto trabajo junto a la directora alemana Margarethe von Trotta, se atrevió a desafiar al mundo con su razonamiento y su búsqueda de la racionalidad antes de tropezar en los prejuicios. Lo llevó a cabo incluso durante el juicio al criminal de guerra nazi Eichmann, que se escudaba en que él ejercía su trabajo (llevar a los judíos al tren que les conduciría a la muerte) como simple obligación que imponía HItler, sin mirar más allá de sus acciones. Arendt, judía extraditada a Estados Unidos, alega que le entiende y que, para ella, no es un asesino, mientras cubre el proceso judicial como enviada especial a Israel.

H.Arendt+M.McCarthy_Billard Bar_3_(B.Sukowa+J.McTeer)_(c)_Véronique Kolber

 Von Trotta impregna de su clásica mirada femenina a la cinta, que se ampara en un largo preludio para conocer a la verdadera Arendt, su vida personal y sus historias de amor -como con el filósofo Heidegger, que acabó apoyando al nazismo-. Quiere desentrañar el esquema de reflexión de la filósofa, desnudarlo y mostrar así su condicionamiento a entender antes que a creer, a empatizar antes que a culpar. No pocos conflictos le causó este modo de actuar y la creación de su teoría de la banalidad del mal tras esta experiencia: amigos y conocidos la juzgaron negativamente y decidieron apartarla de sus vidas como traidora. Sin embargo, es ahí donde la directora deja traslucir que la amistad y el amor puros, como la de su amiga más cercana y el de su marido, son la única vía posible para comprender al personaje.

Algo forzada en determinadas escenas “provocadas” pero sincera en cuanto a aspiraciones, el filme otorga una visión firme de lo que fue buscar la comprensión por encima de todo enjuiciamiento criminal tras millones de muertes y pocos culpables siendo, además, una mujer. Con una fuerte personalidad, Arendt convence, fumando o tirada en la cama, porque, ya se sabe, está pensando.


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