Cuarenta tacos tengo ya, pero las mismas ganas de pamplinas que
siempre. Y un libro. He escrito un libro. Ese es el bagaje. Ni casa
en propiedad, ni matrimonio, ni hijos, ni hipoteca, ni vida, pensarán
algunos, quizás. Vaya plan. Pero las fotos que ves son todo lo que
necesito para hacer acopio de estos años, que son una pechá de años
ya. Yo riéndome en la playa. En el cumple con gente querida que me
sorprendió como nunca. Y mi primer libro, una novela. Sigo jugando
al fútbol con ilusión y ganas por echar el ratito, sigo con
nostalgia queriendo conocer todos los juegos de mesa, escape rooms y
experiencias de terror que existan aunque tenga que hacerlo con gente
de otra edad. Sigo queriendo que a los demás les vaya bien. Aunque
tengan vidas diferentes. En definitiva, sigo siendo el mismo niño
que continúa proyectando su manera de ser jovial y sencilla a cada
paso que hoy da, desde un cuerpo de cuarenta años.
¿Ilusiones en la
vida a estas alturas? Las que vayan viniendo. Vivir igual. Hacer
cosas. Lo que me guste. Lo que surja. Con amor. Con cariño a la
gente que se acerca, o a la que me acerque yo. Sin el odio visceral
al que es distinto (Algo que por desgracia hoy es una tendencia). Con
el pecho abierto a mantener relaciones sanas con la gente que a su
vez quiera lo mismo y con la resignación de perder a los que no, y
haber perdido a los que se han ido ya porque mi estilo no les
interesa. No me enfado, pero me da coraje. Eso es inevitable. Pero
bueno, palante.
Os presento no sin recelo una de esas cosas que he hecho los últimos años, en un anonimato que me ha hecho disfrutar muchísimo de mí mismo pero a la vez sufrir por querer hacerla en silencio, soledad y a la perfección, algo que, sorpresa: nunca pasa. Nunca. La vida se desarrolla y evoluciona después de cometer errores, y eso siempre será así. Hay que también bajar la cabeza y pedir ayuda cuando sea necesario. No voy a extenderme más. Tampoco voy a aparcar las letras, porque a las letras, cuanto más tiempo les dedicas, más salen y más fácil es que puedan seguir saliendo, y eso me encanta. Por lo que puedo prometer y prometo que si me da la picá, este no será el último libro. Sí es el primero y los nervios, el miedo, la incertidumbre y las dudas del síndrome del impostor pesan como una losa de 100 kg en la espalda, pero la voy a cargar como mejor pueda. Con o sin dignidad. Me da vergüenza con la edad que ya tengo exponerme así pero es cuestión de trabajo interno.
Ah! Me han dicho que no regale mi libro a cualquiera porque así estaría menospreciando mi trabajo, y creo que esta vez voy a hacer caso, así que te lo digo directamente a la cara: te lo vendo. ¿Quieres comprarlo? Pues escríbeme y te digo las opciones y el precio. Eso sí, 0 compromiso. Al igual que yo no te lo voy a regalar, no quiero que por ser conocido o amistad lo compres o leas. Si no te interesa, no pasa nada. Cosas más importantes hay en la vida. Aunque si quieres echar un rato con un texto mío que cierra una etapa y abre otra, aquí lo tienes.
Proyecto EMI, de Juan José Malia Pérez. No me lo creo ni yo.
