Revista Cultura y Ocio

Hortensia.

Por Tula @LaDivinaTula
Hortensia.
La viuda que se equivocó de amor.
Hace unos días recordábamos La Aventurera, drama cuyo estreno tuvo lugar el miércoles 25 de mayo de 1853 en el teatro “Variedades” de Madrid. Hoy nos referiremos a Hortensia, el otro drama que, secreta y paralelamente, se estaba preparando en “El Príncipe”, teatro competidor del "Variedades" y cuyo estreno tuvo lugar el viernes 3 de junio. Ahora, solo ahora, comprendemos por qué tanto secretismo.
Hortensia es una de las cinco obras que aún permanecen inéditas de las veintitrés que escribió Gertrudis Gómez de Avellaneda (no hemos encontrado el libreto). Todo parece indicar que La Aventurerasuperó con creces a su competidora. Y decimos “nos parece” porque no hemos tenido ocasión de leer los textos traducidos por la Avellaneda, solo conocemos el original, en francés, de Frédéric Soulié, por cierto, modificado por Antony Bérud, director del teatro en el que tuvo lugar su estreno parisino unos años antes, al poco de morir Soulié (1848). ¿Pero cuál era el tema de Hortensia? ¿Por qué tanto rechazo en Madrid…? Al leer sobre la obra en la prensa francesa encontramos posibles respuestas:
Cette pièce posthume de Soulié eut, à en croire la presse contemporaine, un succès décisif et attendrissant. Soutenir, comme elle fait, la thèse de la responsabilité du séducteur et de son obligation de réparer sa faute, c’était en effet battre en brèche une porte ouverte : l’attendrissement provenait sans aucun doute de la douloureuse position de la veuve plus qu’équivoque, livrée par son amant au mépris de tout le monde et dénuée d’appui.
Madrid no estaba preparada, España mucho menos, para ver en escena una obra donde  se planteara y hasta justificara el adulterio por parte de una mujer. Hemos leído las escasas críticas aparecidas en la prensa madrileña (El Clamor Público, 4 de junio de 1853; Las Novedades y La Esperanza, ambas del 5 de junio del mismo año y La Época, 16 de junio). Todas lanzan dardos envenenados contra la obra, pero ninguna se atreve a mencionar el tema tratado. Hoy traemos a colisión una de aquellas críticas, la de El Clamor Público del 4 de junio de 1853.
Hortensia, la obra que se representó por primera vez en el teatro del Príncipe, ni corresponde á la fama de su autor, que es Federico Soulié, ni añadirá un quilate de reputación literaria para su traductor la señora doña Gertrudis Gómez de Avellaneda. Los dos primeros actos pueden soportarse porque hay diálogos ligeros y escenas agradables; pero el tercero es pesado hasta la sandez y malo de todas veras. La ejecución fue buena, especialmente por parte de la Palma y los dos Romeas. El público no quedó satisfecho.
   Cómo iba a quedar satisfecho el público, si la obra arremetía contra la falsa moral, artificiosamente establecida, por la sociedad madrileña. La Avellaneda se atrevió a tratar estos temas escabrosos en una época impensable, adelantándose -como siempre- a cualquier otra autora española. Lo curioso de todo es que Romero Ortiz, con quien la Avellaneda (viuda ya de su primer marido), mantenía una extraña relación amorosa, no emitiera opinión alguna al respecto cuando el conflicto le tocaba tan de cerca: Joven apuesto seduce a dama viuda, seis años mayor que él, cayendo en sus brazos sin medir las consecuencias... Romero Ortiz no se creía “engañador” de corazones, mucho menos creía en la “obligación de reparar” daño alguno ¡Menudo pollo!
   No tratamos aquí de justificar las "hábiles" acciones de la Avellaneda en su correspondencia, pero si leemos entre líneas, comprenderemos la similitud del conflicto presentado en Hortensia con el suyo propio. Y sí, creemos que Antonio Romero Ortiz engañó de alguna manera a su prometida, para una vez conseguido el propósito inicial, abandonarla en medio de la nada.  La obra fue como un aviso, una especie de llamada de atención de la Avellaneda a Romero Ortiz. La correspondencia, las cartas de aquellos días, así lo atestiguan.
Manuel Lorenzo Abdalahttp://wwwladivinatulablogspot.com
Hortensia.A continuación reproducimos las cartas 30 y 31 de la correspondencia amorosa entre la Avellaneda y Romero Ortiz publicadas, por primera y única vez, por la Fundación Universitaria Española en 1975, gracias al trabajo investigativo de José Priego Fernández del Campo.Carta número 30[Martes 24 de mayo]
   Querido Antonio: acaso no es con buena intención el haberse dicho que La Aventurera no se hacía mañana: acaso sea cosa inventada por los amigos del teatro del Príncipe [En El Príncipe se ensayaba Hortensia, obra competidora de La Aventurera y de la cual la Avellaneda no hace mención alguna]. Yo tengo entendido que va mañana sin falta el tal drama, que no se ha hecho respecto a esto la menor alteración, y que no se hará. El no decirte nada sobre vernos durante su ejecución es porque ignoro si estaré en el teatro de Variedades mañana. Como quiero y espero que tu asistas, y a lo que más me inclino es a no asistir yo, me parece difícil que nos encontremos. Aun asistiendo yo, sería al cuarto de Teodora, nunca a otra parte, por manera que no era lo más fácil el que nos viésemos  allá. Hoy me siento tan mal que si puedo meterme en cama a las diez no lo haré a las once; ni a las diez si puedo a las nueve; pero lo más seguro es que me vea precisada a acompañar a una amiga al Circo, y por si no me escapo de este compromiso te lo advierto ahora, para que sepas que estaré en el coliseo de la Zarzuela, y que si allí no estoy es señal de que mi salud me ha forzado a tomar cama. Hoy comeré fuera de casa, lo cual no contribuirá a mejorarme.
   Ya ves, pues, querido mío, qu, como te decía en la mía de ayer, es más que probable que hoy y mañana no nos hablemos sino por escrito. El jueves, si mi salud lo permite, y el tiempo, estaré en paseo después de la procesión, y por la noche (si La Aventurera no naufraga), estaré en el teatro. En una y otra parte podemos vernos, pero no sé si podremos hablarnos largo tiempo: es probable que no. Para colmo de fastidio estoy de mudanza, y hasta es posible que el viernes ya nos traslademos a Carabanchel, aunque yo hago por dilatarlo. Todos están molestos con tener la mitad de los muebles aquí y la otra mitad allá, y desean y me dan prisa por la mudanza completa. Confío, sin embargo, en que la retardaré todavía algunos días, y que no se verificará sin que antes nos veamos despacio un vez siquiera. Pasado el susto de mañana convendremos los medios, salga con bien o no La Aventurera. Hoy solo te pido que no dejes de hallarte en Variedades mañana, y esta noche, si quieres, en el Circo, por si yo voy.
   Celebro que tu indisposición de anoche haya pasado tan brevemente. Las mías, por desgracia, son más tenaces.
   Adiós, querido mío, te ama
Tula   Hortensia.
Hoy 24.
   Perdona lo innoble del papel. No tengo hoy de otro ¡Y cuanto borrón…! Así va.
(A la vuelta)
   Creo que tendrás para mañana localidad mejor que la que yo puedo ofrecerte; pues la beneficiada ha estado tan fina y agradecida que solo me ha enviado tres lunetas, y esas de 10ª fila. Con todo, si no tienes ya otra mejor, envíamelo a decir y te mandaré una de las mías; pues ya no las hay de venta ni buenas ni malas.
Hortensia.
Hortensia.
Carta número 31
[al día siguiente del estreno de La Aventurera]
   Querido Antonio: tengo un millón de visitas continuas, pero aprovecho una breve escapatoria que he podido hacer, para saludarte, ya que no lo has hecho tú conmigo. También has sido el único de mis amigos que anoche no te dejaste ver en el cuarto de Teodora. Sin embargo, creo que te habrás alegrado de que la pobre Aventurerasaliese con honor de la terrible prueba de la escena, y me congratulo contigo.
   Esta noche saldrá a la escena más arreglada al gusto del público, para lo cual me voy al teatro dentro de algunos instantes. Antes te envío estas líneas, trazadas de prisa, y te digo que no estoy peor de salud, aunque tampoco buena. Anteanoche tuve calentura, y ayer he pasado muy mal día. Al presente me siento pasablemente.
   No me iré a Carabanchel hasta no dejar impreso el drama. Hablaremos sobre lo que me dices en la tuya de ayer.
   Adiós, querido mío, es siempre tuya
Tula   Hortensia.
Hoy 26 de Mayo [de 1853]

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