Aprendí a cruzar las fronteras del sueño y a sortear los espacios turbulentos del otro lado. Logré recorrer el subterráneo del gran cubo y fui capaz de trepar por las altas paredes cubiertas de hiedra. E incluso conseguí vencer el miedo del salto al vacío hasta convertirlo casi en una rutina. Pero esta noche no sé qué hacer con el insomnio. Ganas me dan de subastarlo. Y que se lo quede el mejor impostor.
