Revista Cultura y Ocio

«Inventario de lo que queda cuando el bosque arde», de Michele Ruol

Por Guillermo Guillermo Lorén González @GuillermoLorn

♦Premio Giuseppe Berto • Premio Fondazione Megamark •
Premio Venetarium Labomar • Premio De Los Lectores y Mención Especial Del Jurado Del Premio Mario La Cava •
Finalista Del Premio Strega♦

«Noventa y nueve objetos para contar una ausencia»

«Inventario de lo que queda cuando el bosque arde», de Michele RuolHay novelas que cuentan una tragedia y otras que necesitan encontrar una forma nueva de hacerla visible. Inventario de lo que queda cuando el bosque arde, de Michele Ruol, pertenece claramente a estas últimas. En apariencia, la novela narra una historia conocida: una familia devastada por la muerte de sus dos hijos y obligada a convivir con aquello que permanece de ellos, con la memoria, el duelo y la imposibilidad de regresar a la vida anterior. Sin embargo, reducir Inventario a la historia de una familia rota sería pasar por alto aquello que hace singular la propuesta de Ruol: la forma en que decide contarla.

Aquí no hay un relato convencional, ni un «érase una vez», ni nombres propios que permitan al lector aferrarse a una identidad determinada. Tampoco hay una sucesión reconocible de acciones y acontecimientos. En su lugar, noventa y nueve objetos toman la palabra. Son ellos quienes, de algún modo, dan voz a los personajes, quienes observan, recuerdan, padecen y conservan las huellas de lo sucedido. Cada objeto se convierte en testigo de una escena, depositario de una emoción o fragmento de una memoria que los personajes ya no pueden —o no quieren— expresar directamente.

Michele Ruol convierte el inventario de una casa
en el mapa íntimo de una familia devastada por la ausencia.

Los objetos enumerados funcionan como imágenes especulares que reflejan y, quizá, también acercan entre sí a los cuatro personajes principales: Padre, Madre, Mayor y Menor. No tienen nombres propios; su identidad queda definida por el lugar que ocupan dentro de la familia. Esta elección no es menor. Al desaparecer los nombres, son las cosas y los espacios los que permiten reconstruir sus individualidades. Sus vidas parecen quedar adheridas a los objetos que han utilizado, habitado o dejado atrás. De este modo, lo material termina revelando aquello que las palabras callan.

El propio título resulta esclarecedor. Inventariar supone ordenar, clasificar, registrar aquello que permanece. Después de que el «bosque» haya ardido, lo que queda no es únicamente ceniza, sino también una serie de restos susceptibles de ser observados y catalogados. Los noventa y nueve objetos no son, por tanto, simples elementos decorativos: constituyen la arquitectura misma de la novela. Cada uno corresponde a un capítulo y su disposición responde a una organización precisa.

Michele Ruol transforma los restos de una tragedia familiar
en una original exploración de la memoria,
el tiempo y la ausencia.

La primera parte recorre la casa familiar y sus habitaciones —entrada, cocina, sala de estar, terraza, dormitorios, pasillo, armario, baño o garaje—, mientras que la segunda se traslada al coche, con el maletero, el habitáculo y el techo solar. Los espacios se convierten así en un mapa de la memoria, en una suerte de recorrido arqueológico por una vida familiar que la tragedia ha transformado para siempre.

Uno de los grandes aciertos de Ruol es que el dolor nunca necesita convertirse en exhibición. La novela evita el juicio, la autocompasión y el sentimentalismo fácil, y encuentra en esa contención una forma especialmente poderosa de hablar sobre la memoria y el paso del tiempo. El duelo no aparece como un episodio cerrado, sino como algo que se deposita lentamente en las cosas cotidianas y modifica para siempre la relación de quienes sobreviven con el mundo.

La figura del bosque  es el protagonista silencioso de la novela

En ese sentido, Inventario de lo que queda cuando el bosque arde demuestra que todavía es posible contar una historia capaz de conmover profundamente sin recurrir a fórmulas conocidas. La originalidad de Ruol no reside únicamente en la estructura, sino en haber encontrado en los objetos una nueva manera de hablar de la ausencia. Porque, al final, ¿qué queda de una persona cuando ya no está? Quedan sus cosas, los lugares que habitó, los gestos que permanecen en la memoria. Quedan fragmentos que nunca podrán reconstruir por completo lo perdido.

Y es precisamente en esa imposibilidad donde la novela encuentra su mayor fuerza: hacer del inventario de las cosas una forma de narrar aquello que ya no puede ser nombrado.

Lee y disfruta de un fragmento de la novela.

El autor:«Inventario de lo que queda cuando el bosque arde», de Michele Ruol
Michele Ruol (Chicago, 1986) anestesiólogo de profesión, escribe para teatro y ha publicado cuentos en las revistas literarias «Inutile» y «Effe – Periodico di Altre Narratività«, así como en colecciones de varios autores, como L’amore ai tempi dell’apocalypse (Galaad Edizioni, 2015), editada por Paolo Zardi, e Il Veneto del futuro (Marsilio, 2020), editado por Alessandro Zangrando. El texto Betulla, producido por el Piccolo Teatro di Milano para el podcast Abbecedario per il mondo nuovo, fue publicado en el libro homónimo publicado por Il Saggiatore en 2022. Inventario di quel che resta dopo che la foresta brucia, TerraRossa, 2024) es su debut como escritor de ficción.

El libro:
Inventario de lo que queda cuando el bosque arde (título original: Inventario di quel che resta dopo che la foresta brucia, 2024) ha sido publicado por Ediciones Siruela en su Colección Nuevos Tiempos 580. Traducción de Natalia Zarco, 2026. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 248 páginas.

Como complemento pongo un vídeo en el que Michele Ruol nos habla de su novela Inventario de lo que queda cuando el bosque arde.


Para saber más:
https://www.instagram.com/michele.ruol/
https://www.facebook.com/michele.ruol


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