A veces es bueno refrescar nuestro navegador mental, y volver a recordar algo obvio, y es el origen del vino; cuando pensamos en un viticultor, nuestra mente viaja a modernas bodegas con excelsos viñedos alrededor, y generalmente con un cartel que haga referencia al enoturismo y la ruta del vino local , pero rara vez eso es así en la realidad , y el viticultor es una persona (familia y adosados ) que trabaja lejos de los focos, y que negocia con los tiburones de las bodegas , para vender sus cuidadas uvas , a un precio lejano a la justicia del tiempo y sudor invertido, sin olvidar que los factores meteorológicos pueden reducir ese esfuerzo anual a cenizas.
Una comida de amigos fue la excusa para volver a pisar un viñedo ribereño , sito en Moradillo de Roa , lejos de grandes rutas del enoturismo; cuando crucé los linios de viñas viejas, retorcidas como si no deseasen ver el sol , todo recobra su sentido ; cada uva que muerdes te cuenta la realidad del lugar, y por qué esas uvas viajan a algunas de las más afamadas bodegas del oeste ribereño, sin mencionar su burgalés origen ; volviendo en el coche pensaba en la altura del lugar, en ese terreno pedregoso, y como la viña, como el ser humano, es un superviviente que se agarra a la vida ; quiso el destino que aquella comida fastuosa se celebrase en una casa , que bien podría ser semejante a la del mismo Lúculo , y su recuerdo fue mentado en la bodega por este escritor, ya que su alegre espíritu , se me hace presente en la buena mesa .
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Tempranillo ribereño 2015