Revista Ilustración

La audacia del noctámbulo

Por Davidrefoyo @drefoyo
LA AUDACIA DEL NOCTÁMBULO www.ffffound.com La escena era concreta camiseta blanca y unos jeans Loquillo y Los Trogloditas
La escena, a pesar de las copas ingeridas, es una consecuencia de la concrección. La noche obliga al resumen, a la intervención certera, a apurar las balas en objetivos claros, evidentes. Huir de la fugacidad no es una opción. No puedes hablar todo el tiempo, no por encima de esta música infernal basada en intangibles tecnológicos, en 1 y 0 que disuelven el arte bajo el opaco prisma de los flashes, los hielos y el whatsup. Contaba Pérez Reverte, en aquellos tiempos en los que falseaba los sketchs de la guerra de los Balcanes, que el primero de una fila de, por ejemplo, tres nunca moría a manos de los francotiradores. El primero ejercía de ensayo. Eran los otros dos quienes caían abatidos sobre el asfalto degradado de una ciudad post-comunista. Las tácticas de guerra son fundamentales para alcanzar el amanecer. Las palabras pueden ser un simple icono de quienes nacimos en los ochenta y creemos en el cuerpo a cuerpo. Pueden ser una terrible mentira, pero ¿los gestos? Los gestos son las canciones dedicadas, las miradas criminales entre la densidad de la discoteca, entre el olor a sudor y sexo mezclado con perfumes de diferentes gamas, de precios asequibles o exclusivos. No sé si es exclusividad lo que pretendes, pero los gestos son gratuitos, baratos, económicos. Y el chico del fondo de la barra un especialista. Un mal consejero. Un auténtico profesional del gatillo, de la mirilla telescópica. La audacia del noctámbulo.


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