Revista Filosofía

La ciudad maldita

Por David Porcel
Aquella ciudad se había tragado el futuro. En ella lo novedoso no tenía lugar y las reposiciones en las tiendas sólo se hacían para mantener la rutina. La ciudad se revestía de luces, despilfarro y un griterío sordo que apenas dejaba escuchar los pensamientos que aún podían emerger del interior. No había calendarios ni adivinos, porque según decía un letrero: "aquí hallarás todo lo que necesites"
Mi acompañante buscaba afanosa un extraño amuleto que hacía presagiar la posibilidad de retornar a tiempos pretéritos. 
De repente, nos encontramos subiendo por un sendero escarpado que nos conduce a una niebla que parece no ocultar Nada. Tengo miedo porque nos encontramos solos, como siempre cogidos de la mano, pero solos. Unas escaleras mecánicas nos hacen descender desde lo alto de la montaña que fragmenta dos mundos separados en el tiempo. La niebla es tan densa que por un momento me abrazo a ella.
Pasa un instante y comienza a hacerse visible una playa con las olas golpeando y algunos niños danzando a su alrededor. 
Sueño de la Noche del 25 de Enero

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